Fecha del viaje: Abril 2009
Tan sólo tres horas de trayecto nos llevará a Mostar desde Dubrovnik pero como es tan temprano aprovecho para dormir hasta medio camino. Entramos en la frontera con Bosnia-Herzegovina y antes de llegar a la ciudad pasamos cuatro controles para comprobación de pasaportes.


Aproximándonos ya hacia el mismo, las calles comienzan a estar repletas de pequeñas tiendas de souvenirs curiosos como bolígrafos de bala, cascos de guerra, molinillos antiguos típicos de los Balcanes, matrículas antiguas de coche, y cómo no, oleadas de turistas curioseando ...
Los croatas en la guerra destrozaron el puente ya que era el punto de unión entre ambas religiones, y realizaron un minucioso estudio de la construcción de aquella época y según se cuenta, le encontraron el punto débil pues en la parte central del mismo había una cámara hueca y allí es donde dispararon hasta tirarlo abajo.
Obviamente lo peor de esta vergonzosa guerra fueron las miles de victimas que hubieron. En 1995 cuando los Cascos azules llegaron a esta ciudad (muchos de ellos españoles) se encontraron con un escenario desolador, lleno de muerte y destrucción. Hasta hace bien poco se ha estado ayudando a reconstruir la ciudad e intentando parar que se siguieran matando unos a otros pues muchos se habían quedado sin casa, sin familia y la sed de venganza era evidente.
Cruzamos el puente, la piedra que lo habita es resbaladiza, de un blanco brillante, impoluto. Desde aquí se ve una hermosa vista de la ciudad sobre el rio Neretva. Pasamos al otro barrio, el católico, donde suenan las campanas de la iglesia y su torre nos llama poderosamente la atención pues está construida en forma de minarete. Casualmente en ese momento al otro lado, en el barrio musulmán, se oye al almuecín cantar convocando a la oración. Dos comunidades unidas de nuevo por el mismo puente llamado ahora el puente de la esperanza.
Extracto de mi diario de viajes:
Tan sólo tres horas de trayecto nos llevará a Mostar desde Dubrovnik pero como es tan temprano aprovecho para dormir hasta medio camino. Entramos en la frontera con Bosnia-Herzegovina y antes de llegar a la ciudad pasamos cuatro controles para comprobación de pasaportes.
Una vez entramos en Bosnia-Herzegovina, paramos en el primer pueblo, Neum, situado en el Mar Adriático, la única población que posee costa pues sólo hay unos 18 km de mar en todo el país, que comparándolo con los 700 km que tiene Croacia, el reparto me parece de lo más injusto.

Pero continuamos haciendo camino siguiendo paralelamente el bello rio Neretva, donde podemos comprobar que hay rica vegetación y tierras fértiles. Vemos las casas reflejadas en este precioso río que le da un encanto especial.
Entramos en la ciudad, aquí podemos observar los edificios que han sido derruidos por la guerra de los Balcanes en el año 91, una guerra incomprensible, como todas las guerras. Sólo permanecen las fachadas que se asemejan a un queso gruyere debido a los tiroteos de mortero... es una triste imagen...
Al llegar a la estación de autobuses a unos 10 minutos se encuentra el centro histórico y nos alojamos en una casa-museo http://www.muslibegovichouse.com/ digna de visitar ya que data del año 1861 y está decorada al estilo otomano y en tiempo de guerra fue una de los pocos edificios que permaneció intacto debido a su ubicación entre muros.

El dueño de la casa nos recibe amablemente pues esperaba nuestra llegada. Antes de entrar, dejamos los zapatos en la entrada para mantener en buen estado las maravillosas alfombras que cubren los suelos. Nos aloja en la habitación y nos enseña su casa todo orgulloso. Tiene cuatro plantas y en su dia perteneció a una familia turca adinerada.
En un perfecto español el señor Muslibegobic (estuvo viviendo en Málaga durante tres años) nos explica la historia de la casa y su familia. Nos sentamos a hablar en el Diwan, el lugar de reunión de las mujeres. Hay numerosos libros antiguos y del Corán escritos en oro, nos muestra las diversas estancias y los objetos de la casa, incluso las vestimentas antiguas del período otomano. Por ejemplo, las mujeres utilizaban una especie de bombachos (pantalones anchos) de color rojo o blanco para las mujeres musulmanas, azul para las ortodoxas y negro para las católicas. Por aquellos años la gente convivía en armonía con estas religiones...algo muy distinto a lo que posteriormente aconteció.
Nos dirigimos al lugar que todo viajero o turista desea ir cuando llega a Mostar, visitar el Stari Most, el puente que fue punto de unión en su día entre los barrios musulmán y católico.
Pero antes de llegar al puente deambulamos por las pequeñas callejuelas de piedra y nos percatamos de la fuerte influencia otomana que en su día tuvo esta ciudad con tan bellas mezquitas. El puente fue mandado construir en 1566 por Mimar Hajruddin, el mismo arquitecto que edificó la Mezquita Azul o la de Suleyman el Magnífico de Estambul.
Pero antes de llegar al puente deambulamos por las pequeñas callejuelas de piedra y nos percatamos de la fuerte influencia otomana que en su día tuvo esta ciudad con tan bellas mezquitas. El puente fue mandado construir en 1566 por Mimar Hajruddin, el mismo arquitecto que edificó la Mezquita Azul o la de Suleyman el Magnífico de Estambul.
Aproximándonos ya hacia el mismo, las calles comienzan a estar repletas de pequeñas tiendas de souvenirs curiosos como bolígrafos de bala, cascos de guerra, molinillos antiguos típicos de los Balcanes, matrículas antiguas de coche, y cómo no, oleadas de turistas curioseando ...
Los croatas en la guerra destrozaron el puente ya que era el punto de unión entre ambas religiones, y realizaron un minucioso estudio de la construcción de aquella época y según se cuenta, le encontraron el punto débil pues en la parte central del mismo había una cámara hueca y allí es donde dispararon hasta tirarlo abajo. Obviamente lo peor de esta vergonzosa guerra fueron las miles de victimas que hubieron. En 1995 cuando los Cascos azules llegaron a esta ciudad (muchos de ellos españoles) se encontraron con un escenario desolador, lleno de muerte y destrucción. Hasta hace bien poco se ha estado ayudando a reconstruir la ciudad e intentando parar que se siguieran matando unos a otros pues muchos se habían quedado sin casa, sin familia y la sed de venganza era evidente.
El centro histórico junto al Stary Most (que se reconstruyó de forma idéntica al anterior con los mismos materiales de piedra blanca de la región de Mostar y de piedra del rio Neretva) se incluyó en el 2005 en la lista del World Heritage, justamente después de reconstruir también todo el casco antiguo que quedó arrasado tras la guerra de bosnios y croatas contra los serbios y posteriormente entre bosnios y croatas.
Cruzamos el puente, la piedra que lo habita es resbaladiza, de un blanco brillante, impoluto. Desde aquí se ve una hermosa vista de la ciudad sobre el rio Neretva. Pasamos al otro barrio, el católico, donde suenan las campanas de la iglesia y su torre nos llama poderosamente la atención pues está construida en forma de minarete. Casualmente en ese momento al otro lado, en el barrio musulmán, se oye al almuecín cantar convocando a la oración. Dos comunidades unidas de nuevo por el mismo puente llamado ahora el puente de la esperanza.


Volvemos de nuevo al hotel y de nuevo nos ofrecen te y galletas rellenas de higo que están deliciosas mientras esperamos a nuestro guía Iraj que ya conocimos el día anterior para hacer la excursión por los Kaluts y visitar la región de Kerman.
A medio camino paramos para observar los pozos de reserva de agua subterráneos que abastecen a los habitantes de la zona: los Qnats, aquí no pagan impuestos de agua pues los hombres del desierto consideran que esta es es una fuente natural y a cada familia le corresponde un porcentaje dependiendo de su estatus. Más rico eres más agua te corresponde. Vaya! algo tenia que haber, ya no me parece tan bien... Bajamos a una de las reservas más grandes del país. Hasta hace unos pocos años la gente tenía que ir con cántaros a buscar el agua. Los Qnats más antiguos de Irán se encuentran primero en Shiraz, Kerman y Shadad respectivamente.
Subimos al punto más alto del desierto y divisamos toda una panorámica de paisaje lunar. Quiero retener en mi mente esta imagen para que quede bien grabada. Iraj se sienta y dice que nos espera que el se pone a la sombrar. Es profesor de educación física y hace de guía por la región de Kerman y de todo el país en la epóca de vacaciones escolares.
Esta noche vivimos uno de los punto culminantes del viaje pues fuimos presentados a la familia de Iraj, sus suegros y cuñado pues Iraj no tiene padres. Entramos en una finca con palmerales y al entrar en la casa, que es de amplias habitaciones y toda llena de alfombras y poco mobiliario, nos cedieron el asiento más cómodo que es en el suelo con cojines para apoyarnos en los costados y enseguida nos trajeron te, galletas, pepino y granadas como aperitivo. Los hombres de la casa me dan el permiso para quitarme el pañuelo. Les doy las gracias. Es un alivio poder desprenderme de él por unas horas. Aunque cuando ya llevas viajando unos días se convierte en una prenda más de tu indumentaria diaria.
Me quedo mirando al cielo sin pensar en nada...no tengo sueño... oigo grandes aullidos de los chacales y seguidamente a todos los perros ladrando en un gran radio alrededor de mi... vuelvo a mirar las estrellas y finalmente me duermo ...