Esta
mañana llegamos a Lagos y cruzamos el puente donde se encontraba el hermoso puerto,
animado por restaurantes y las agencias que a lo largo del Paseo Marítimo anunciaban
excursiones para ver delfines y recorrer las formaciones rocosas de Ponta da Piedade.
Dejamos nuestras mochilas en el Hostel y nos fuimos hacia el casco antiguo de Lagos.
Había un pequeño fuerte y parte de la muralla que fue destrozado en 1755 por un terremoto que también asoló al resto de la ciudad. En sus calles se mostraban los adoquines en blanco y negro, los azulejos típicos y diversas plazas.
Después
nos fuimos hacia el puerto donde salían los barcos y esperamos en la taquilla donde
compramos los tickets y nos condujeron hacia la barca.
Hacía
un día espléndido y recorrimos toda la bahía hasta llegar un poco más allá del faro. Mientras, nos íbamos adentrando en los farallones
para apreciar las bellas formaciones que el viento y el agua habían esculpido.
En las
rocas habían fósiles de conchas incrustados. Ponta da Piedade debe su nombre a las
mujeres de los pescadores que venían a rezar para que sus maridos volvieran de pescar
sin problemas deseando que trajeran buena pesca.
Aquí
los pescados más ricos son el rodaballo y la dorada, además del calamar que suelen
pescar por la noche colocando unas linternas grandes.
Nos dijeron
que hoy tuvimos suerte con el tiempo pues días atrás hacía mucho viento y el
agua estaba revoltosa.
Entre las rocas habían muchas cavidades y en alguna de ellas se podía atravesar buceando y acababas en una cueva.
Algunos de los agujeros parecían geiseres pues había marea
alta y chocar contra las rocas despedía un chorro de agua hacia arriba.
La charla
en buena compañía se hizo muy amena y los dos, Diego y Rodolfo nos comentaron que tenían familia esparcida
por las Islas Azores. Uno de ellos iba en noviembre a verlos.
Volvimos con la barca a toda velocidad y una vez en tierra fuimos a comer a Casa do Mar donde pedimos pez espada con verduras estofadas y un “bacalhao a bras” con patatas paja y huevo para Francesc. Lo disfrutamos con un “vinho branco”.
Luego
nos fuimos a ver la Igreja de Santo Antao que era a la vez museo. Pagamos la entrada
de 3eu y entramos. La Iglesia, del siglo XVIII se encontraba cubierta de pan de
oro, el techo era un trampantojo con soldados romanos y había una escultura del Santo
Antao.
Luego nos acercamos a ver la Casa dos Escravos. Aquí fue la primera Casa donde vendieron esclavos allá por el 1444.
En el año 2009 fueron hallados más de 150 esqueletos de personas africanas en
el centenario vertedero de Lagos.
Junto a la Casa dos Escravos en la Plaza Santa María, tomamos dos cafés y enfrente estaba la fachada de la iglesia homónima, mientra s un músico amenizaba la tarde con su guitarra.
































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