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1 de agosto de 2025

ALEMANIA : EL PATRIMONIO DE GOSLAR


Desde Hannover fuimos hacia Goslar, una pequeña ciudad que se encuentra a una hora y quince minutos en tren. 



Caminamos unos minutos y traspasamos la puerta Rosentor. Había dos figuras que nos daban la bienvenida a la ciudad. Era una obra del inconfundible escultor Fernando Botero: Hombre con bastón y mujer con paraguas.



Paseamos por sus calles medievales con iglesias en piedra blanca y casas de entramado de madera preciosas.




En una pequeña plaza había una de las iglesias que formaban parte de la ruta de iglesias y monasterios del Harz. 




Es la cordillera montañosa más alta del norte de Alemania y la ruta abarca entre Goslar y Halberstadt 115 km de recorrido.



Llegamos a la Markplatz con edificios emblemáticos, una fuente y cafeterías.



Pasamos por el Köningsbrücke Pons Regis, un encantador puente histórico de madera en Goslar. Data del 1160 y se escuchaba el relajante sonido del agua fluyendo. 



Vimos la imponente fachada de la iglesia del mercado de San Cosme y Damián. 



Data del siglo XI y está dedicada a los dos Santos, patronos de los pobres y los enfermos.




Entramos en el edificio de la Santa Croce, un lugar encantador y lleno de historia que fue en el s. XIII un refugio para enfermos, huérfanos y también peregrinos. 



Hoy, ocho diminutas habitaciones albergan una serie de tiendas con todo tipo de artesanía. El edificio se ha conservado de maravilla.




Abundan las preciosas vigas antiguas, así como gran parte de los suelos originales. Las pequeñas puertas son muy pintorescas. Afuera se encontraba un patio con hermosas casas y plantas.



Pero el plato fuerte estaba por llegar. Nos encaminamos hacia el Palacio Imperial. Antes de entrar había una pequeña capilla que pertenecía al palacio pero se encontraba cerrada.



El palacio junto con el casco antiguo y las minas de Rammelsberg, conforman el Patrimonio de la Humanidad que les otorgó la Unesco en 1992.



Este reconocimiento se debe a la importancia histórica del palacio y el resto de la ciudad como centro del Sacro Imperio Romano Germánico y por su conexión milenaria con la extracción de minerales preciosos.



El palacio sirvió como residencia de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico hasta el siglo XIII. 




Subimos la pequeña colina y entramos pagando un tiquets de 7,5eu por persona. El palacio se podía visitar por libre y vimos el Salón Imperial.  Había una muestra de pinturas históricas donde se cuenta la historia de los emperadores medievales.



Descendimos hacia la sala donde se encontraba la tumba del emperador Emrique III (1017-1056), el constructor del Palacio Imperial de Goslar.




Tras la visita, volvimos de nuevo hacia el centro de la ciudad pues aún quedaban calles por recorrer con casas de entramado de madera.




 

Parece ser que en la ciudad de Goslar hay más de 1500 edificios de este tipo, todo un lujo para el visitante.



Finalizamos la visita de la ciudad tomando unas cervezas artesanas en la Markplatz.

7 de junio de 2025

BOLIVIA : POTOSÍ, LA CIUDAD MINERA

 

La expresión “vale un potosí” significa que algo o alguien es muy valioso. Esta tiene su origen en la ciudad de Potosí, que durante la época colonial española fue famosa por sus ricas minas de plata y se convirtió en un símbolo de riqueza. La ciudad se convirtió en Patrimonio de la Humanidad en 1987.



Carlos era un conductor experimentado y buen conversador, además de ir bien atento por el camino de pista obligado que nos llevaba hasta Potosí. 



Los bloqueos acechaban en esos días de viaje a gran parte del país liderado por Evo Morales forzando así al gobierno y a los colectivos del transporte para poder presentarse a las nuevas elecciones el próximo mes de agosto, a pesar de tener causas pendientes con la justicia. 



Llegamos después de cuatro horas y media a la ciudad viendo el imponente Cerro Rico. En la estación buscamos taxis y tras un buen rato vimos uno libre que nos dejó en la esquina donde se encontraba el Hostal Santa Mónica. 



Hicimos el check-in, dejamos las mochilas en la habitación y salimos a recorrer la ciudad. Potosí se encontraba a 4000 m de altura s.n.m. y nos lo teníamos que tomar con calma. Primero fuimos a visitar la Casa de la Moneda. 



Una visita guiada nos hizo viajar en el tiempo recorriendo el enorme edificio que ocupaba cuatro manzanas. La primera casa se construyó donde hoy encontramos la Casa de la justicia construída en 1572 por orden del Virrey de Toledo. 



La segunda casa, en la que nos encontramos, se construyó entre los años 1753 y 1773 para controlar la acuñación de monedas coloniales. Estas monedas que tienen la letra “P” acuñada se conocían como potosís. 




Las paredes del museo tienen más de 1 m de grosor. No sólo funcionó como Casa de la Moneda sino como prisión, fuerte y durante la guerra del Chaco, como cuartel del Ejército boliviano.



Pasamos la entrada del patio y en medio había una fuente con la máscara de Baco, colocada allí por el francés Eugenio Martín Morlón y que se ha convertido en un icono de la ciudad. 



En el interior albergan tesoros como la fastuosa colección de pinturas religiosas de la escuela de Potosí.



También los engranajes de madera de las máquinas laminadas de plata accionados por mulas que, en el siglo XIX fueron sustituidas por máquinas de vapor. Las últimas monedas que se acuñaron aquí fue en 1953. 



El circuito guiado dura 1hora y 30 minutos aproximadamente. Después callejeamos un poco y fuimos hacia el museo y convento de San Francisco. 



Nos fuimos a tomar una jugo de papaya y limón al Café Bar La Plata, ubicado en la plaza principal, decorado en madera con mesas pintadas de flores, techos altos y música relajante. 



Nos fuimos a comer a la Casona de Pasqualina y tomamos un menú con sopa Calapurca cocinada con piedras calientes y rollito de ternera. 



Dejamos para la tarde el Convento de Santa Clara, un lugar precioso que guardaba verdaderas reliquias. Este convento se fundó en 1685 y aún sigue acogiendo una pequeña comunidad de monjas: actualmente hay 6 carmelitas que han restaurado este magnífico museo de tamaño colosal. 



La excelente visita guiada (al principio éramos solo los dos) de casi horas explica cómo las niñas de familias acomodadas ingresaban en el convento a la edad de 15 años, dando un último adiós a los padres y seres queridos en la puerta de entrada. 



Había objetos, estatuas, cuadros, todos de carácter religioso y de incalculable valor como una maravillosa Virgen María del escultor castellano Alonso Cano y varios óleos de Melchor Pérez de Holguín, el pintor más famoso de Bolivia. 



Me llamó la atención una sala de crucifijos de madera pintada y en el refectorio había un plato hondo con una calavera donde alrededor comían las monjas. 



También me sorprendió el pequeño habitáculo donde se guardaba una muestra de cadenillas de hierro que algunas de las monjas utilizaban para autoflagelarse. 



El edificio era tan impresionante como las obras que se exponían, casi todas financiadas por las suculentas dotes donadas por tener el privilegio de ingresar en el convento a las hijas. 



También había tres bonitos patios aunque uno era de clausura con manzanos y cactus. Este lugar anclado en el tiempo, permitía adentrarse en el mundo de clausura qué cambió en la década de 1960, con las reformas del Concilio Vaticano II. 



Muchas de sus habitaciones son tan frías que no dejo de imaginar pasar aquí las noches de invierno sin calefacción. 



En una de las salas que daba la iglesia se podía ver a una monja rezando a través de una ventana que había con barrotes...