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11 de septiembre de 2025

MOZAMBIQUE : LOS BARRIOS DE LA BAIXA Y POLANA EN MAPUTO

 

Después de llegar de madrugada a Maputo y descansar unas horas en la Guesthouse 1109, iniciamos el itinerario por la ciudad.



Saliendo de la guesthouse, a unos metros se encontraba la Catedral de Nossa Senhora de Conceição, de forma alargada y pintada de blanco. El edificio que hay detrás es el Ayuntamiento. 



Enfrente se erige la estatua en la plaza de la independencia en honor a Samora Michel, presidente de Mozambique entre 1975 y 1986. Es considerado como el padre de la independencia del país.



Bajamos en dirección al puerto hacia la Baixa donde paramos en el Centro Cultural Franco Mozambiqueño y unos pasos más abajo vemos la Casa de Ferro, diseñada por Gustave Eiffel. Hoy en día, es uno de los principales símbolos históricos y culturales de Maputo, un testimonio de la época colonial y un ejemplo de las peculiaridades de la arquitectura del siglo XIX.



Llegamos a la Fortaleza de Maputo donde paramos a visitarla. Cuesta 50 mt. por persona. Entramos en un gran patio donde se exhiben cañones y balas además de esculturas que forman parte de la historia del país.





Nos llama la atención la capilla donde encontramos una urna de madera tallada que fue construida por Paolo Come, donde se guardan los restos del Emperador Ngunguyane, de Gaza, que dominaba una importante región. 



Luchó contra los portugueses y acabó en la prisión de la isla de Terceira en las Azores. Sus restos se recuperaron en 1985 y fueron depositados aquí.



Después fuimos hacia la estación del ferrocarril, uno de los edificios más imponentes de Maputo. La cúpula principal fue diseñada por un asociado de Gustave Eiffel. 




La placa conmemorativa del año 2010 sobre los 100 años de existencia de la estación, se encuentra expuesta en la entrada en el mismo hall. 



Se puede visitar su interior donde hay expuesto un antiguo vagón de tren y una exposición de fotografías de los puertos de Mozambique. En la estación se realizan eventos culturales. Sus fachadas estaban pintadas de color verde y blanco.




Dentro había un bar-restaurante donde servían cerveza en uno de los andenes. 




Tomamos la típica cerveza local 2M y disfrutamos un buen rato de la tranquilidad de la estación en un ambiente de épocas pasadas. El camarero nos ofreció “peixe vermelho” para comer pero habíamos desayunado tarde y no teníamos hambre. 



Seguidamente visitamos el Mercado Municipal de 1901, construído con estructura de hierro, típico de la época. Vendían verduras, frutos secos (sobre todo anacardos) piri piri (el pimiento picante local), frutas exóticas, peixe, hierbas y especias.




Hablamos con los vendedores que nos explicaban las diferentes verduras y especias que habían. Eran verdaderamente afables. Compramos unos anacardos.




En la sección de pescado, las mujeres estaban pelando los camarones. También había tilapias secas y almejas a 350 mt. el kilo… etcétera. 




Pasamos por la sección de conservas vegetales donde tambien había moringa en polvo. Dos mujeres se encontraban limpiando legumbres.




Fuera del mercado entramos en una tienda de telas llamada “La casa del elefante” y un letrero indicaba que cada capulana costaba 200 mt.



La capulana es una tela colorida y estampada originaria de Asia y traída a Mozambique a través del comercio. Se usa tradicionalmente como falda para mujeres en Mozambique y el sureste de África pero también lo utilizan como portabebés, toalla, cortinas… etcétera. 



El Museo Nacional de la moneda se encontraba ubicado en un edificio amarillo en planta baja donde se exhibía una amplia muestra de monedas y billetes a lo largo de la historia de Mozambique, desde los tiempos en que utilizaban el trueque como intercambio hasta nuestros días. Había billetes de cuando los colonos ingleses, portugueses y del resto del mundo.




Paramos en el Jardín Botánico Tunduru para descansar un rato. Era un pequeño oasis dentro de la ciudad.




En el Parque dos Contadores, al otro lado de la ciudad, se encontraba la Feria de Artesanado Gastronomía e Flores. 



Entramos para ver las telas y cuadros de los artistas. Además de cestos de mimbre y bolsos, habia artesanía de madera y estaban expuestos en medio de un jardín.



Dos calles más allá, paramos en la Igreja de San Antonio de Polana, conocida por "el exprimidor" porque tiene esa extraña forma…




En la Avenida Patricio Lumumba, a unos 15 minutos andando desde la guesthouse, se encontraba el Café Campo das Acacias, un lugar de reunión de los expatriados. 



Hicimos unas fotos de las vistas sobre el mar y por la noche nos quedamos a cenar.


27 de agosto de 2024

ANGOLA : LAS MUJERES MUHACAONA

Salimos desde Lubango a las 830hr hacia nuestro destino en Onconcua. Nuestro conductor se llamaba Agostinho. Durante las dos primeras horas pasamos por carretera de asfalto, luego el camino se convertía en pista y el paisaje se adornaba de algún arbusto y árboles secos en tierra  desértica. 




Pasadas unas horas empezamos a ver ganados de vacas y cabras y algún que otro hombre que estaba agazapado entre las sombras de los árboles y niños que nos perseguían tras el coche. Las aldeas se formaban de pequeñas cabañas y el camino se tornaba cada vez más difícil con baches profundos. 



Pasamos a través del paisaje desértico pedregoso donde la gente se cobijaba en pequeñas chozas bajo la sombra de algún árbol. Habían algunos niños correteando que nos saludaban al pasar. Justo al lado se encontraban las cercas de cañas y brezo para refugio de los animales. 



Paramos en el poblado de Chiange para estirar las piernas. Alrededor de la plaza principal se encontraban adornados árboles donde en sus troncos se habían esculpido formas de animales. Mientras, Agostinho reponía gasolina.



A medida que avanzamos llegamos a Onconcua y aquí ya empezamos a ver a mujeres de la etnia muhacaona que iban cargadas llevando pañuelos anudados en sus cabezas con vestimentas estampadas. 



Otras mujeres se acercaron hacia el coche y se asomaban a la ventanilla. Eran curiosas y se dejaron fotografiar sin pedir nada a cambio, algunas iban ataviadas con faldas coloridas con el pecho al descubierto. 



El cabello acostumbran a decorarlo con mezcla de excrementos de vaca formando un flequillo consistente y lo adornan con cuentas de colores y collares varios. Era como estar en un mundo lejano. Ni siquiera se atrevían a pedir dinero, signo de que el hombre blanco no ha invadido todavía sus territorios. 



Más allá en el poblado unas mujeres lavaban a un bebé con un bidón de agua. El paisaje estaba  repleto de brezo y árboles, además de baobabs. Había casas construidas de ramas y cañas.





Jóvenes mamás cargaban con sus bebés a sus espaldas o bien en los brazos. Éstos llevaban también los cabellos adornados. Cuando empiezan a ser más mayores les van colocando la boñiga de vaca a modo de flequillo como hacen los adultos.



Llegamos finalmente a la Hospedaria de Onconcua. Era un establecimiento muy modesto donde pasamos la noche. Enfrente teníamos una bella vista de la montaña. 




Nos hicieron las camas con sábanas limpias de alegres colores. Justo en la misma habitación había un murete que separaba el inodoro y la ducha era simplemente un gran barreño con agua para ducharnos a golpe de cazo. El alojamiento sólo costaba 5000 kwanzas, no llegaba a 5 euros. 



Había también restaurante para la cena y el desayuno. Cuando salimos le encargamos la cena a la cocinera para las siete y media. Nuestro día se había convertido en un viaje en el tiempo. 


27 de octubre de 2019

KIRGUISTÁN : EL MERCADO DE ANIMALES DE MALBAZAAR

 

Por la mañana contratamos un taxi desde el hotel para que nos llevara al mercado de ganado que había cercano en Osh, el Malbazaar. 



Se encontraba a unos 12 km y nos lo recomendaron, sobre todo porque coincidía que al ser domingo,  es el único día de la semana que podíamos ver a multitud de ganaderos  que llegaban de distintas zonas del país para subastar su ganado.


Una vez allí, nos acercamos donde se encontraba el barullo de gente. Vimos a lo lejos comerciantes  que acababan de comprar alguna vaca o cordero. Otros subían los animales a la furgoneta, algunos esperaban pacientemente a que alguien se les acercara y se interesara por sus animales.



Algunos de los ganaderos  retenían con una sola mano las cuerdas de 9 o 10 ovejas. Estas eran enormes, con su abundante lana. Parece ser que por aquí no se acercaban los turistas por lo tanto, nos alegramos de ello.



De repente, ya metidos de lleno entre los animales del recinto, uno de los toros se desbocó y el dueño apenas puede retenerlo así que hubo una estampida y echamos a correr. Una de las ovejas me piso y me quito el zapato de deporte que salió disparado. 



Salimos del barullo a duras penas y recuperé mi calzado, menos mal que fue una oveja la que me pisó con su pezuña pues si llega a ser una vaca lo hubiera tenido claro; los animales al ver este toro tan salvaje que se les echaba encima se apartaron asustados a pesar de que los dueños intentaban retenerlos fuertemente sin perder el temple evitando causar un desastre.



Había un cerco vallado donde los hombres (pues no vimos ninguna mujer) negocian los precios de  los animales, otros pagan, cuentan el dinero y se dan un abrazo una vez hecho el trato. 



Son hombres que dedican casi toda su vida a este trabajo. Después echan un trago entre amigos y una vez acabada la faena, para sus casas.



Nos encontramos en la sección de cabras y uno de los macho cabríos se dedica a montar las lindas cabritas. Los hombres al verme venir se sonríen contemplando la escena y señalan hacia los animales. 



Yo en broma hice el ademán de sacar una foto a las cabras con mi cámara y me dirijí a ellos diciendo “porno, porno” a lo que todos empezaron a reír al unísono como locos. 



Los corderos permanecían junto a sus dueños pero en casi todo el recinto había que ir sorteando las heces pues el lugar (un gran descampado) se encontraba a rebosar de tantos animales que había. Una vaca por allí defecando a la espera de su nuevo dueños me mira  vigilando que no me acerque demasiado.



Unos animales esperaban tranquilos, asustados o resignados, y es que en los ojos de la mayoría de los animales podemos ver plasmados sus sentimientos, al igual que en las personas.




Un caballo atado me miraba al verme, se puso de lado, receloso, al ver que me acercaba, se dio la vuelta y me alejé porque estaba preparando la patada, creo le estaba importunando con la cámara sin darme cuenta.



Un señor se brindo para que le hiciera una fotografía, al acercarme noté que iba algo bebido pero posó poniendo una cara simpática. A pesar de que en estos países fríos la gente bebe mucho, la mayoría de kirguises suelen ser amables y sonrientes. 




Algunos hombres iban ataviados con el kalpak, el típico sombrero kirguís. Le pregunte a uno de ellos si podía hacerse una foto con mi marido a lo que accedio gustosamente. 



Francesc posó abrazándose junto a él y posteriormente se dieron la mano. Seguidamente nos preguntó de que país éramos.