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29 de junio de 2026

CÓRCEGA : LAS ISLAS SANGUINARIAS

 

Cerca de Ajaccio se encontraban las Islas Sanguinarias que visitamos en una barca rápida y que nos llevó en el transcurso de 40 minutos hasta la zona de baño. Son uno de los parajes naturales e históricos más célebres de la isla.



Las Islas Sanguinarias (en francés (Îles Sanguinaires) son un archipiélago de origen magmático compuesto por cuatro islotes y un peñasco situado a la entrada del golfo de Ajaccio, en el suroeste de Córcega, Francia. 




El nombre de Sanguinarias despierta curiosidad. La creencia más extendida es que al atardecer, la luz del sol poniente tiñe de un intenso color rojo brillante sus rocas de pórfiro oscuro, dando la impresión de que las islas se están «desangrando”.




El archipiélago se compone de cuatro islas: Mezzu Mare (o Grande Sanguinaire), Cormoranes (o Isolotto), Cala d’Alga (30 m) y Porri (31 m de altura). 




Además, existe una roca desnuda llamada U Sbiru entre la isla de Porri y la de Cormorán, y 13 m de altura.





Pasamos a medio camino a recoger dis pasajeros. Era una playa muy concurrida de fina arena dorada y enseguida llegamos a las islas.





Vimos el faro ubicado en lo más alto de Mezzu Mare, fue edificado en 1838 y reconstruido posteriormente hacia 1870). Este guiaba la entrada a la bahía de Ajaccio.





La torre genovesa de la Parata, situada en tierra firme frente al archipiélago, fue levantada en 1550 por el maestro Giacomo Lombardo para proteger la costa de ataques piratas.



Nos dimos un baño en el mar viendo las aves que revoloteaban sobre nuestras cabezas. Las islas nos rodeaban y fueron testigos de nuestro disfrute en este hermoso paraje natural. 




También se podía llegar con coche y pasear por tierra a través de un sendero marcado. 




Este fue el último lugar que visitamos de Córcega, dejándonos un buen sabor de boca de la isla.


28 de junio de 2026

CÓRCEGA : AJACCIO, LA CIUDAD DONDE NACIÓ NAPOLEÓN

 

Desde Porto-Vecchio cogimos un autobús que en tres horas y media nos dejó en Ajaccio. Durante el trayecto pudimos observar las verdes praderas y lo bella y accidentada que era la isla. 




Pasamos por impresionantes picos como las Aiguilles de Bavella formadas por granito rosado y por pequeños pueblos.





En el camino estuve hablando con una adolescente que vivía en Sartène, un pequeño pueblo del sur de la isla. Ella me contaba que le gustaba la tranquilidad de su pueblo pero que también bajaba a Tizzano, un pequeño pueblo de pescadores y a Ajaccio donde se dirigía ahora.



 

Me dijo que esta combinación de mar y montaña le gustaba. Viajaba con su madre que iba sentada un poco más adelante y nos despedimos deseándonos una feliz estancia. 



Una vez en la capital, llegamos el alojamiento que se encontraba en pleno centro histórico situado a 5 minutos de la estación.



Paseamos por el fuerte donde se apreciaba parte de su muralla y un alicantino fotógrafo que conocimos se ofreció a fotografiarnos. 





Ya caía la tarde y antes de cenar visitamos la Cathédrale de Notre-Dame-de-l’Assomption, situada en una plaza,  en el casco antiguo. Este edificio religioso con arquitectura de cruz latina se asomaba al mar. Nos impresionó el sorprendente contraste entre la sobria fachada ocre y su interior barroco ricamente decorado.



Después fuimos a un restaurante típico de gastronomía corsa y nos sentamos en su terraza. 




El menú consistía en embutidos corsos, un plato principal de ternera guisada con aceitunas y polenta y de postre pastel de castaña. Todo muy rico y lo disfrutamos con un huen vino. 



Al día siguiente visitamos el Mercatu d’Ajacciu, donde predominaba la fruta fresca, pescados y mariscos de muy buena calidad. También había puestos de aceitunas, quesos y embutidos locales.





Seguidamente visitamos la Casa-Museo de los Bonaparte, lugar donde el futuro Emperador pasó allí parte de su infancia. La casa en la que nació se ha convertido en un museo donde recorrimos diversas estancias en las que creció.

 




Saliendo del museo fuimos paseando por el Quartier de l'Avenue Marechal Juin y subimos hacia la Place d’Austerlichtz, donde ubica el monumento dedicado a Napoleón.



Impresionaba su estatua y lo rodea un pequeño jardín. Subimos por las escalinatas y tras visitarlo bajamos por la avenida hasta llegar al Palacio Fesch. 





Este era un edificio impresionante que contenía una importante colección de pinturas de la escuela italiana, el imperio napoleónico y pintura corsa.





El ala norte albergaba la biblioteca municipal de Ajaccio, nos transportó a un lejano pasado pudiendo admirar los libros antiguos que se guardaban en sus vitrinas. 





Daban ganas de quedarse allí un buen rato apreciando el silencio que reinaba, mitigando el calor del mediodía.




En la capilla imperial pudimos ver las tumbas de los principales miembros de la familia Bonaparte incluyendo la tumba de Joseph Fesch.





26 de junio de 2026

CÓRCEGA : LA CIUDADELA DE PORTO VECCHIO

 

Portovecchio es la tercera ciudad más importante del sur de Córcega y nos impresionó por la belleza de su entorno.




Se encontraba en un golfo protegido del viento, una ciudadela que dominaba la ciudad, instalada entre el mar y la montaña, hermosos pinares, suntuosas playas de arena fina y un mar azul transparente.



Nos alojamos a unos 600 mts del centro y descubrimos una navette que recorría de forma circular y gratuíta la ciudad y sus aledaños. También había horarios de los autobuses a Ajaccio y los que llevaban a las playas para los meses de julio y agosto.




La ciudadela, fortificada por los genoveses en 1539 sobre sus salinas y convertida en los años setenta en uno de los destinos más concurrido del Mediterráneo, en la actualidad seguía siendo un lugar de visita obligada en Córcega.





La ciudad alta, rodeaba la bonita plaza de la iglesia donde abundaban los comercios y las terrazas. Desayunamos en su plaza principal mientras el reloj se convertía en el protagonista anunciando las horas.




Era un laberinto de callejuelas estrechas empedradas con piedra volcánica y rodeadas de pintorescas casas bajas.




Visitamos la ciudadela. En su museo de dos plantas con una sala abovedada se explicaba la historia de la ciudad y se exponían unas fotografías artísticas en su interior.



El piso superior se asomaba a un gran balcón que mostraba el bello azul del Mediterráneo y la frondosa vegetación. 







La naturaleza salvaje se encontraba a las puertas de la ciudad, así como algunas marismas saladas que dan a Porto-Vecchio el apodo de Ciudad de la Sal.



Además, su puerto natural ofrecía una bella bahía  protegida en medio de un circo de colinas cubiertas por alcornoques. Sus veleros amarrados se balanceaban suavemente en el muelle…




Cuando caía la tarde, como había hecho bastante calor nos bañamos en la piscina del alojamiento que disfrutamos sólo para nosotras.




Por la noche justo enfrente de nuestro apartamento había una esplanada con food trucks  junto a la bahía, un lugar encantador para cenar y acompañar unas cervezas mientras corría una leve brisa que nos refrescó durante toda la velada.






Al día siguiente hacia el mediodía nos dirigimos con un autobús para Ajaccio, la capital de la isla de Córcega.