1 May 2009

CROACIA: ZADAR Y LOS LAGOS DE PLITVICE

Fecha del viaje:Abril 2009
Extracto de mi diario de viajes:


Nos alojamos en Zadar, una pequeña ciudad portuaria situada al norte de la región de la Dalmacia. Ocupa tan sólo 5 kilómetros de largo por 500 metros de ancho formando una pequeña península. Desde aquí salen barcos a Ancona (Italia), a otras islas cercanas y es base para visitar el Parque Natural de las islas Kornati y el Parque Nacional de los lagos de Plitvice.



A eso de las ocho y media ya luce el sol y aprovechamos para tomarmos un capuchino en la terraza del bar que hay junto al mercado viendo el ambiente de los vendedores y de la gente que se acerca a comprar. Siempre que viajo me gusta visitar los mercados.


Este es pequeño y se encuentra al aire libre, con puestos de frutas, verduras, especias, aceites y quesos de la pequeña isla de Pag. Aprovechamos para comprar platanos y naranjas pues será nuestra comida para la excursión al Parque Nacional de los lagos de Plitvice.

Una de las curiosidades de esta ciudad es el gran reloj solar de 22 m de diámetro ubicado en el mismo puerto que recoge la energia del sol y abastece la electricidad de todo el paseo marítimo.


Pero lo que nos llamó más la atención es una especie de órgano musical adentrado en el mar construido en forma de escalinata con pequeñas aberturas lo que hace que se escuche melodías con diferentes notas musicales al chocar sus aguas. El órgano marino junto con el reloj solar fueron diseñados por el arquitecto Nikola Bašić. Es realmente algo único.


Para oir el sonido:

http://www.youtube.com/watch?v=4nISG7iBk-A&feature=player_embedded



Esta pequeña ciudad posee un encanto especial, es de fuerte influencia veneciana (la antigua Zara) pues fue ocupada durante más de doscientos años por los italianos, junto a otras civilizaciones.

Nos encaminamos hacia la estación de autobuses que se encuentra a un kilómetro de la ciudad andando. La compañia de autobuses Libunija, que es eficiente y puntual, nos llevará en unas dos horas al parque, y finalizará en Zagreb, la capital de Croacia.




Llegamos al parque a las doce del mediodía y nos deja en una de las entradas principales del mismo y en información pagamos 110 kunas, la moneda del país. Entramos en el recinto que está muy bien señalizado y allí cogemos un pequeño autobús que nos lleva hasta la cima para ir luego bajando y poder presenciar los dieciseis lagos que compone el parque. Este lugar fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 1979 y es el parque más conocido en todo el país.





Visitamos primero la parte mayor de los lagos, el recorrido es precioso descubriendo lugares recónditos con cascadas y bosques. Cada lago es diferente y no deja de sorprendernos. Sus aguas son de colores verde turquesa y esmeralda con diferentes tonalidades según la posición del sol y al contener diversos minerales y sulfatos, hace que tenga ese color tan intenso.



Recorremos el parque con pasarelas de madera que se encuentran justamente a ras del agua y al tocarla comprobamos que está helada. Bellas cascadas descienden de las montañas formando un paisaje de cuento, con abetos pinos y hayas. Hay bastante gente visitándolo pero la amplitud del mismo deja que nos encontremos a solas en muchos momentos disfrutando del paisaje.




Antes de visitar con barco los lagos menores encontramos un rincón para tomarnos la fruta qe compramos esta mañana. Contemplamos frente a nosotros una gran cascada de 27 metros de caída.

Pero en este bello lugar, también se vio afectado por la guerra de serbios (de la región de Krajina) con croatas, tomando las instalaciones hoteleras como trincheras y pernoctando haciéndose con el parque. Aquí se ejecutó a la primera víctima, un guarda forestal. Al oficial lo mataron en un domingo de Pascua. Su tumba yace en la misma salida del parque.


Son las cinco y media y el autobús se aproxima para llevarnos de vuelta a Zadar. Llegamos a la puesta de sol y al aproximarnos a la playa vemos que se encuentra de color rojo intenso, bellísimo... nos quedamos para ver como se esconde... no me exraña que Alfred Hitchcock dijera en su dia que en este lugar había visto las más bellas puestas de sol...



Después de descansar en la habitación minúscula que más bien parece el camarote de los Hnos. Marx, salimos a cenar a una Konobe, típica taverna de platos populares de pescado y donde la especialidad es el tiburón. El lugar se llama Na po Ure. Pedimos unos calamares y pescado al grill acompañados de patata al horno y de beber cerveza local.


En el sótano un grupo de hombres entonan canciones clásicas de pescadores, al estilo habaneras, acompañado de guitarras por lo que disfrutamos de esta velada marinera finalizando con unos chupitos de marrasquino, un aguardiente de cerezas famoso en todo el mundo que se utiliza también en cockteleria y es originario de Zadar. Pero al beberlo solo tiene un sabor intenso y especial... Después de varias copas nos marchamos paseando por el casco antiguo iluminado ...sin apenas gente por la calle y felices de haber compartido este día.