17 March 2010

ARGENTINA: FAUNA MARINA DE PENINSULA VALDES

Fecha del viaje: Octubre 2009
Extracto de Mi diario de Viajes:

Hoy el minibús nos llevará temprano a Península Valdés, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999. Nos encontramos junto a  dos parejas de portugueses, otra de argentinos y una de ingleses. Nuestro guía Rogelio no simpatiza demasiado con estos últimos porque nos ha comentado medio en broma, medio en serio que en su lista venía una pareja de "piratas ingleses" (esos que se apropiaron de las Islas Malvinas, llamadas ahora Falkland Islands). Así que el día promete con Rogelio porque intuyo que ejerce como buen profesional pero es todo un personaje. Creo que lo que le fastidia es que hoy va a tener que hablar en dos idiomas de forma alternativa... 


Nos detenemos para pagar la entrada a la reserva y nos acercamos al Centro de Visitantes donde podemos apreciar el esqueleto de una ballena joven que apareció muerta en una de las playas. Ya de nuevo en ruta vemos maras, un animal terrestre parecido a un perro autóctono de la zona, color pardo. 


Paramos en Punta Cantor, el apostadero  de elefantes marinos extendidos a lo largo de una hermosísima playa salvaje y al fondo de ella se divisa Caleta Valdés. La vida del elefante marino (llamado así por tener una probóscide parecida al elefante) es muy peculiar. 


La familia se forma entorno al macho (el sultán) y su harén. Un macho puede llegar a pesar 3.500 kilos y medir hasta siete metros. Pasa la mayor parte en el mar (incluso dos horas seguidas) sumergiéndose hasta 1500 metros de profundidad buscando alimento como calamares o bien como simple ejercicio. En la época de apareamiento puede llegar a hacer ¡de 30 a 40 copulas al día! (no me explico cómo pueden hacerlo con ese cuerpo lleno de grasa). 



La Península de Magallanes tiene unos cien metros de largo y setenta kilómetros de ancho. Se encuentra protegida por dos golfos y en este perímetro se encuentran las ballenas francas. Parece ser que hoy es el dia ideal para poder tomar el barco y finalmente poderlas ver. La ballena franca austral mide casi 12 metros y pesa unas 27 toneladas. Es una ballena dócil de movimiento lento y muy curiosa. Se puede aparear con más de un macho, en general unos cuatro o cinco. Ella se deja perseguir a veces cientos de kilómetros para que los ballenatos más fuertes aguanten. (¡vaya con las ballenas, que listas son! la naturaleza es sabia).  

Los machos suelen tener un pene flexible que mide hasta tres metros y tiene forma estrecha (menos mal!). Cuando las ballenas quedan preñadas tienen un periodo de gestación de once meses y dan a luz cerca de las costas porque el recién nacido ballenato no sabe nadar y así puede hacerlo nada más nacer en aguas poco profundas. 


Embarcamos en el catamarán con un pequeño grupo. Nos han facilitado unos salvavidas y mientras navegábamos nos han dado unas pequeñas reglas a seguir e instrucciones de avistamiento. ¡Que emocionantes momentos han sido poder ver a la ballena asomarse acompañada de su cría! Salían a la superficie alternativamente por babor, estribor, o por proa y popa. Teníamos que ir con cuidado para no hacer apenas ruido al movernos.



Pero esto no es un circo, los turistas esperan que den saltos acrobáticos y no es así ni mucho menos. Sólo lo hacen en contadas ocasiones. Pero si se nos acercaba asomando su cabeza llena de callosidades donde habitan parásitos y crustáceos que quedan adheridos a su piel fina. La ballena tiene cuatro capas de piel y tres de grasa. Uno de los momentos más emocionantes ha sido poder escuchar sus movimientos, ver su cola varias veces saliendo parte de su cuerpo a la superficie, pues salen cada cinco minutos aproximadamente y una se estremece cuando expiran y sueltan el sifonazo de agua en el silencio del mar. Es digno de admirar por su grandeza. 



De vuelta ya a la ciudad visitamos con un taxi la Lobera de Punta Loma que se encuentra a 17km de Puerto Madryn para ver a los leones marinos. Se les denomina así por tener el macho una especie de aureola de pelo alrededor de su cuello. Hemos organizado la visita en base a las mareas pues aquí es mejor venir cuando hay marea baja. Esas moles de 300 kilos las hemos podido observar desde el mirador (que se encontraba a unos 15 metros a lo alto)y hemos disfrutado viendo cómo se bañaban y  tomaban el sol. Las crías jugaban entre ellas e incluso hemos visto a algunas peleas entre los machos. Se encuentran ubicados en una playa de cantos rodados tipo caleta. 



Por la tarde nos hemos acercado a la playa del Doradillo para avistar ballenas desde el mirador que se encuentra a unos metros de altura sobre el mar. Se accede por una trampa de madera y donde puedes leer una amplia información sobre las ballenas. Pero preferimos bajar a la misma orilla. Vemos a las mamas ballenas enseñando a sus ballenatos a nadar. Aquí también hay que ir en el momento de marea alta.