2 April 2009

PERU: LAS ISLAS DE LOS UROS

Fecha del viaje: Octubre 2006
Extracto de mi diario de viajes:


Esta mañana, después de un frugal desayuno en la terraza acristalada del Hotel Pukara de Puno, nos dirigimos al puerto para contratar una barca privada y visitar las Islas de los Uros. Regateamos en el precio y partimos enseguida. El paseo es delicioso.



En cuestión de media hora llegamos con la embarcación a motor a las islas no sin antes darnos una explicación breve sobre la zona a visitar. Nuestro conductor y guía se llama Sabino y nos hará un amplio recorrido para mostrarnos como viven estos indígenas. Hay que firmar un papel de permiso antes de llegar a la Reserva Natural del Titicaca. Titicaca significa en lengua aimara “puma gris” y en quechua “puma de piedra”.



Los Uros viven aquí desde hace más de 100 años pero se dice que existen antes del periodo de los Incas.El lago se encuentra a unos 3800 metros de altura y tiene una profundidad de doscientos cuarenta metros.


Las islas se encuentran enclavadas entre diez y veinticinco metros. Son pequeños islotes hechos con totora, una planta autóctona que crece en el lago y resistente a la putrefacción.Las tienden a secar para que queden deshidratadas y posteriormente poderlas utilizar ya que constantemente han de cambiar de superficie pues el inferior de la isla va pudriéndose y podría hundirse. Para que las islas no sean arrastradas por el viento, quedan amarradas en el fondo para fijarlas. También la totora sirve de sustento.


Llegamos a la primera isla y nos reciben tres mujeres ataviadas con las típicas vestimentas de la zona, la falda llamada pollera, chaqueta y gorro, todo en colores muy alegres. Llevan largas trenzas decoradas. Nos dan la bienvenida y nos enseñan su isla. También venden algún que otro souvenir. Hay un pequeño museo con aves disecadas.

La cocina está al aire libre aunque es difícil imaginar cómo pueden cocinar encima de la totora sin que se incendie. Utilizan un pequeño horno rudimentario y el fuego lo hacen con cañas bien secas de totora. Nos enseñan un agujero donde miden la profundidad del lago, lo hacen con una cuerda y una piedra atada. De aquí también extraen el agua. Los pescados son el pejerrey y el mami. Acostumbran a secarlos al sol. El turismo, la pesca y la caza es la principal fuente de ingresos de las islas.




La pequeña se nos aparece también ataviada con su poncho y gorro. Se llama Rosaura y tiene tres años. Es tímida pero poco a poco va cogiendo confianza. Se viene con nosotros en una barca de totora típica del lago. Es una embarcación mullida y cómoda que nos sirve para visitar el resto de islas pues de esta forma es mucho más placentero sin ruidos de motor. Su padre es el que lleva la barca.




Vemos alguna que otra balsa diseñadas con forma de animales. La mayoría e los indígenas tiene la piel quemada y muchos de los habitantes padecen de cáncer de piel debido a la altitud del lago y por estar expuestos constantemente al sol.





Visitamos otras dos islas más grandes donde hay una iglesia y algún que otra tienda con souvenirs.Al ser tan temprano apenas hay turistas y disfrutamos con la gente local hablando. Son muy humildes y agradables, no te piden dinero sólo te ofrecen las pequeñas artesanías y te piden la voluntad en más de una ocasión. Compramos unas postales y una totora pequeña como recuerdo.



Preguntamos si los niños van al colegio y nos dicen que se han de acercar a la ciudad pero están intentando que se construya alguna escuela en las islas para no tener que desplazarse. En otra de las islas las mujeres me preguntan si me quiero disfrazar como ellas así que ni corta ni perezosa me dejo vestir por ellas y entre risas nos hacemos juntas la foto de rigor.