8 de junio de 2022

AZORES: LOS VIÑEDOS DE LA ISLA DE PICO

 

Alojados en el Convento de Sao Pedro, desayunamos de buena mañana en el buffet del refectorio. El pan era el típico que venden en las "paderías", el bolo, donde muchos lugareños los compran en grandes cantidades y que llevan para sus casas o a las oficinas donde trabajan.



A las 1030 horas vino el taxista que habíamos contratado para ir a ver los viñedos (el autobús pasaba sólo una vez al día muy temprano) y para visitar los pueblos de Cachorro y Lajido. Conduciendo por la carretera principal  se podía ver el volcán de Pico.



Esta montaña de 2351 metros de altura, es el pico más alto de Portugal. Fue un volcán que erupcionó por toda la isla, por este motivo le llaman la Isla Negra. Tan pronto veías la montaña despejada como cubierta por la niebla.



Lo sorprendente era que desde cualquier punto de la isla se podía apreciar. Incluso desde las islas de Faial o Sao Jorge se podía ver mejor. Suelen organizar trekkings para la subida al volcán, pero sólo para excursionistas experimentados. Incluso hacen salidas para avistar cetáceos.



Nosotros optamos por pasear de buena mañana por los alrededores de Sao Roque do Pico avistando en todo momento el volcán, pues no solemos alquilar coche cuando viajamos, además de ser bastante caro el transporte privado en las islas.




El taxista nos dejó junto a los viñedos, Patrimonio de la Humanidad desde el 2004. Nos encontrábamos a unos 20km de donde estábamos alojados. El paisaje era de una belleza enigmática y espectacular.




Los muros de piedra que rodeaban la zona formaban pequeñas parcelas, Tuvieron su origen en el siglo XV y se habían creado desde la costa hacia el interior a lo largo de una extensión de 897 hectáreas. Contrastaba el negro del suelo volcánico con el verde de las hojas de parra y los muros que los protegían del viento y el agua del mar.




Fuimos caminando hasta el poblado de Lajido, un poco fantasmagórico al ver que todas sus casas son de lava negra exceptuando sus ventanas y puertas pintadas de colores. El suelo también era negro y cada casa también tenía su pequeño viñedo. De hecho, hay 240 viticultores en Pico y más de 30 km de cultivo del vino en la isla.



Pero justo al lado se encontraban las "releihras", unas formaciones rocosas planas que daban al mar y por donde pudimos caminar observando el paisaje excepcional que teníamos a nuestros pies. Al fondo había un acantilado donde las olas golpeaban fuertemente contra las rocas.




En general toda la isla se encuentra bajo la lava pero en Lajido está completamente cubierto. También se le da el nombre de Misteiros, por los campos de lava que se esparcieron debido a cuatro erupciones volcánicas, dejando que se formaran cuevas como las del Centro Gruta de las Torres que permiten visitarla entregándote una linterna ya que no hay luz artificial.  



Caminamos hasta Cachorro a través de un sendero de viñedos tocando al mar. Aquí se podía apreciar también la diversidad de plantas, algunas de ellas autóctonas, que florecían de la tierra volcánica. Llegamos a Cachorro y las casas se asomaban a la costa. Se habían construido unas pasarelas de cemento entre las rocas para pasear formando un jardín de basalto junto al mar.



Visitamos antes la Casa de los Volcanes, un centro de información de la zona de la Isla de Pico.

 



Había unas ilustraciones donde explicaba la obra de Julio Verne “Viaje al centro de la Tierra” y las aventuras de dos vulcanólogos cruzando bajo tierra a través de cuevas desde un volcán de Islandia hasta la Isla de Strómboli en Sicilia.

5 de junio de 2022

AZORES: UNA EXCURSIÓN POR LA ISLA DE FAIAL

 

Desde ayer noche nos encontramos alojados en Faial, en un apartamento en pleno centro de Horta, su capital. La sorpresa fue ver esta mañana por la ventana el Volcán de Pico, la otra isla que visitaríamos más adelante.



Ayer visitamos agencias que hicieran un recorrido por la isla y esta mañana, después del café a eso de las 930h nos vino a buscar José Carlos, el conductor de la excursión que contratamos.



Empezamos el recorrido subiendo el Monte de Guía, dejando atrás el Museo de Fábrica de Ballenas y la casa de la familia Dabroy.




Paramos en el primer mirador donde se veía una panorámica de la Bahía de Porto Pim y al fondo, la población de Horta.



Llegamos a la ermita de Ntra. Sra. de Guía y la Caldeira do Inferno, una formación rocosa de forma circular que se formó hace miles de años, también de origen volcánico.



Continuamos hasta el Mirador do Lajinha con su roca horadada. Mucha gente parece que viene en verano a bañarse, pero yo veía que el mar estaba muy revuelto y aunque nos encontrábamos en  el mes de junio, era imposible meterse en el mar.




Nos acercamos hasta Miradouro, un lugar vacacional con casas de piedra volcánica y donde la lava diseñó unas piscinas naturales formando un muro de contención, con escaleras para darse un baño.



Juan Carlos nos comentó que estos días la gente estaba de fiesta celebrando el día del Espíritu Santo, una fiesta regional de las Azores. Cerca se encontraba el Parque Forestal do Capello, un precioso bosque donde se construyeron barbacoas, asientos y refugios con piedra volcánica para que la gente disfrutara del entorno. Incluso había mesas circulares y casitas del bosque para protegerse de la lluvia.




Seguimos la ruta hasta llegar a Capelinhos, ubicado en el pueblo de Capelhos. Un poco más adelante se encontraba en Centro de Interpretación de la erupción volcánica que surgió del mar, allá por el año 1957, formando una pequeña península con su cavidad cónica. Erupcionó del mar al exterior y con ello el pueblo de Capelhos desapareció totalmente.




Al pasar vimos casas aún destrozadas y desgraciadamente estas familias emigraron a USA pues Estados Unidos les quedaba más cerca que el continente europeo.



El paisaje que vimos era lunar, una maravilla de la naturaleza (a pesar de esta triste historia) porque ha dejado un paisaje espectacular y uno ha de verlo cuando visita Faial.



Subimos por la nueva ladera de la montaña creada por la lava para ver mejor el paisaje. El faro que hay actualmente se construyó más tarde de la erupción pues el que había antes desapareció también.



Seguimos hasta Faja das Cabras, donde subimos al mirador. Desde aquí pudimos apreciar la pendiente de la falla con el pueblo en el valle tocando el mar que se une con el verde manto de la montaña. Junto a las casas vimos viñedos que hacen servir para consumo propio, no para comerciar.



Nuestra vista más esperada era la Caldeira, aunque difícil de ver pues la mayoría del día aparece cubierta de neblina, impidiendo ver su contorno. Según Juan Carlos, la carretera que nos llevaba hasta la Caldeira era de las mejores del mundo pues se inundaba todos los meses de julio de hortensias azules y en contraste con el verde de la montaña el viaje por sí mismo, valía la pena.




Faial es el nombre de una planta que abunda por toda la isla. También le llaman la Isla Azul porque las hortensias que hay son todas del mismo color, azules. Cuando llegamos a la Caldeira pudimos verla despejada. Mide unos 2km de perímetro y 400 metros de profundo. Había un recorrido fácil de 8 kms.



Subimos la ladera para verlo desde lo alto y caminamos viendo a lo lejos la gran cavidad que nos tenía fascinados. Unos minutos más tarde, como por arte de magia, la Caldeira había ya desaparecido…  


2 de junio de 2022

AZORES: FURNAS Y LOS BAÑOS TERMALES EN ISLA SAO MIGUEL

 

Hoy desayunamos en el buffet libre del Hotel Alcides y decidimos ir hacia Furnas, a unos 60 km de Ponta Delgada, capital de Isla Sao Miguel.



Furnas es un pueblo famoso por sus fumarolas y baños termales. Cogimos un bus desde la estación de autobuses y enseguida partimos a nuestro destino. El recorrido era precioso salpicado de suaves colinas verdes con vacas pastando, nos parecía una bonita estampa. Enseguida comprendimos porqué a Sao Miguel le llamaban la isla verde.




Pasamos por los pueblos de Lagoa y Vilafranca do Campo donde apenas se veía alteración en las edificaciones, el paisaje guardaba una hermosa armonía con las casas de piedra volcánica pintadas de blanco en sus ornamentos y ventanas.



Al cabo de 1hora y 40 minutos llegamos a Furnas y paseamos por campos sembrados de hortalizas donde el sistema de riego se veía a ras del suelo. Todo parecía estar muy bien cuidado.



Paseamos por los jardines dejando el pueblo atrás. Nos encontramos con la Casa Torcida, una casa al revés que en realidad era un transformador. Caldeiras das Furnas se encontraba a 1km de Furnas y es uno de los lugares más curiosos de la isla.   




Cuando nos aproximábamos a Caldeiras das Furnas, ya podíamos ver de lejos las fumarolas que emergían de la tierra, agua hirviendo y creando un fuerte olor a azufre. Los lugareños aprovechan a cocinar el famoso plato de la isla, el "cozido" de verduras y carne sumergidos bajo tierra cocinándose durante 6 horas.




Llegamos a una esplanada donde pudimos observar las burbujeantes aguas de altas temperaturas, entre 70 y 100 grados. El vapor que expedían nos ayudaba a identificar dónde se encontraba cada fumarola.

 


Por el camino bebimos agua de las fuentes con propiedades curativas y listas para beber. Tenía un sabor carbónico,  era de color amarillento y la zona olía a huevo podrido por su alto contenido de azufre. 




Estas calderas son pequeños estanques de agua de lluvia formados en los cráteres de un volcán que explosinó en 1630, ahora ya extinto.    



Volviendo hacia Furnas, pasamos por la Igreja de Nostra Senhora de la Alegría y nos dirigimos hacia el Parque Terra Nostra para darnos un baño en su piscina termal, de aguas ferruginosas.




Pagamos la entrada y entramos en la piscina principal, donde se ubicaba también la casa del antiguo cónsul norteamericano. El Cónsul, allá por el año 1775, hizo construir este edificio como residencia de verano pero más adelante, en el siglo XIX el jardín fue ampliado pues entonces contaba tan sólo con dos hectáreas. Me parecía un lugar espectacular, como perdido en el tiempo.





En el interior de la piscina había unas fuentes con chorros de agua donde salía el agua más caliente. Alrededor teníamos asientos para relajarnos y entre los jardines junto a las duchas y vestidores había un par de jacuzzis.   




Salimos del recinto ya descansados y paseamos por los jardines pasando por la Casa del Jardinero y el Jardín de Flores con las camelias que ya se encontraban por toda la isla, incluso en las carreteras. Fuimos por la Avenida de Ginko Biloba con sus espectaculares árboles y de allí hacia el Lago de Agua Volcánica, junto a la colección de plantas aromáticas y frutas.



Saliendo ya del parque nos fuimos a comer a la Queijaná Furnense, una casa especializada en quesos que tomamos junto a una cerveza fresca. 



Y es que los diferentes quesos que se producen en las Islas Azores son muy gustosos, se dice que por cada habitante, hay dos vacas en la isla, siendo la mayor producción de todo Portugal suministrando el producto a todo el país.