22 de septiembre de 1989
EGIPTO : LOS TEMPLOS DE ABU SIMBEL Y PHILAE
21 de septiembre de 1989
EGIPTO : EL MERCADO DE ASUÁN Y LA ISLA ELEFANTINA
Preparamos nuestras mochilas para dejar todo listo y salir en tren nocturno hacia Asuán. Cogimos un taxi ya que los autobuses iban a tope. Al llegar a la estación el ambiente era sorprendente, había mucha gente y un ligero caos de trasiego, aún y así no me desagradaba.
Teníamos una reserva hecha con antelación de compartimento para dos con la compañía alemana Wagón Lits en literas. Incluso en el interior del tren había hilo musical y nos trajeron la cena a la cabina con vino incluido. ¡Qué contraste! Lo que más recuerdo del trayecto era la música que sonaba de sobras conocida en nuestro país por Emilio el Moro cantando la famosa canción “Cherie te quiero, cherie yo te adoro, como la salsa del pomodoro” pero claro, cantada en árabe.
Esta mañana al despertar, el paisaje que se veía tras la ventana era totalmente desértico, ya nos encontrábamos a pocos kilómetros de Asuán, en el sur de Egipto. Una vez llegamos a la ciudad, pudimos ver la maravillosa vista del Nilo, en su máxima extensión. Buscamos un alojamiento adecuado, era un pequeño hotel sencillo, frente al río y desde la ventana de la habitación podíamos apreciar la hermosa vista.
Dejando los bártulos en la habitación, fuimos a ver el mercado de Sharia al Souk, el antiguo bazar de la ciudad. Aquí es donde se respiraba el real ambiente de Asuán, más bien parecía un pueblo.
Algunas mujeres vestían de negro, con el velo tapándoles las facciones y sólo dejando al descubierto parte su cara y en sus manos llevaban guantes. En la cabeza cargaban las compras. Los señores, con sus turbantes, vendían especias y frutos, cestos de paja y mimbre, antiguas balanzas… Era un ambiente auténtico que me hacía disfrutar por la ausencia de turismo.
Colores y olores se mezclaban e inundaban el mercado de exotismo. La mayoría de hombres iban con sus túnicas blancas, algunos las llevaban de color malva o azul claro. También se vendían verduras, ropa y todo tipo de objetos. Era gente tranquila y a la vez sociabilizaban contigo. Si les preguntabas te daban a probar sus productos.
En una de las pequeñas paradas de especias le pedí al vendedor por azafrán y curry. Lo tenía todo muy bien organizado en unos montoncitos de sobres pequeños donde introducía las diferentes especias. El buen hombre vestía una túnica blanca con un pañuelo azul estampado alrededor de su cuello y un turbante blanco.
Se encontraba metido en su puesto de especias, un cuchitril que a mí me daba agobio nada más verlo ahí dentro. Pero me hizo gracia y al preguntarle para hacer una foto no puso impedimento alguno. Él iba a lo suyo, a la venta de las especies. También compré un par de costureros con unos colores vivos aunque eran un poco voluminosos para llevarlos en el viaje.
Dejando el mercado nos fuimos a comer a un pequeño restaurante local donde cocinaron unos garbanzos estofados y tomamos carpa del Nilo, todo servido en unos platos de aluminio, muy austero pero rico. Había varios moteros que tenían sus Harley aparcadas y también algún lugareño que comía el menú igual que nosotros. Era un lugar sencillo ubicado en plena calle con cuatro mesas y barato.
Ya caía la tarde y nos fuimos a coger una faluca, la típica embarcación del Nilo donde dos jóvenes nubios nos acercaron a la isla infantina para ver el Jardín Botánico y el Mausoleo de Aga Khan. Este era un edificio de granito que fue escogido por el sultán antes de su muerte pues su ubicación era la ideal para su descanso, ya que quería estar junto al Nilo.
Los antepasados del Aga Khan fundaron la dinastía fatimí con capital en El Cairo. El fatimí representó uno de los apogeos de la cultura musulmana que fueron mecenas de las artes, la arquitectura, la literatura… etcétera que también compartía el Aga Khan.
Volvimos con la faluca con los dos nubios que nos acompañaban. Eran muy guapos, jóvenes algo serios pero muy diferentes a los egipcios. Tenían la piel más oscura con facciones más africanas y más suaves, nada que ver con los egipcios del norte. Y es que los nubios se localizan en la región del sur de Egipto, Nubia y en la zona norte de Sudán. Su población se asienta a lo largo del Valle del Nilo. Antiguamente fue un reino independiente.
Esta noche nos acostamos pronto pues mañana madrugamos para ir hacia Abu Simbel.
17 de septiembre de 1989
EGIPTO: VISITA A LAS PIRAMIDES DE GIZAH
15 de septiembre de 1989
EGIPTO : EL MUSEO EGIPCIO DE EL CAIRO
Estoy tan emocionada que no he podido dormir en las dos últimas noches. Es mi primer viaje fuera de Europa y con un vuelo de cuatro horas viajamos por nuestra cuenta a este país soñado.
Era mi viaje favorito desde hacía mucho tiempo pues sólo anteriormente había viajado por una decena de países por Europa y vivido dos años en Holanda. Hasta que no encontré un trabajo fijo para permitirme el coste de viajar por lugares exóticos y tener la suerte de conocer a la que hoy es mi pareja actual, no me lo podía permitir.
Una vez lleguemos al Cairo, emprenderemos una ruta que nos llevará por los lugares más emblemáticos del país, haciendo un recorrido de unos 15 días. Confío en mi pareja, persona más experimentada en viajes fuera de Europa.
...Llegamos al aeropuerto del Cairo sobre las 11:30 h y en 45 minutos de trayecto al centro ya me percaté de lo lejos que quedaba Europa. Todo me llamaba la atención. Entablamos conversación con el taxista mientras nos llevaba al centro de la ciudad y nos explicó muchos detalles y de que lleváramos cuidado. Esto me hizo estar alerta ya que una vez llegados al centro me dio la sensación que todos los hombres me miraban con esos ojos penetrantes como si yo destacara entre la multitud.
Creo que llamaba la atención pues aunque discreta, mi vestimenta era totalmente europea. Yo pensaba que iban a robarme, simplemente era una sensación de desconfianza y pronto me acostumbré a sus miradas.
Nos alojamos en el Lotus hotel, muy cutre por cierto con olor a orín por toda la habitación y de las sábanas... mejor no hablar. Por eso saqué mi sábana personal y la puse encima para poder descansar tranquila. Además, alguna cucaracha vino también a visitarnos. Esta era una prueba evidente de que podría viajar sin remilgos y que por alguna noche que pasara así no era importante, a la vez podía viajar más veces con mi pareja y forjarme como viajera.
Por la tarde fuimos a visitar el Museo del Cairo, una auténtica maravilla pero para mi gusto estaba un poco desordenado y había muchos objetos amontonados.
Aquí se exhiben la mayoría de los tesoros encontrados en las tumbas de los faraones pero no estaban las momias embalsamadas. Estas se encuentran en el British Museum de Londres que algún día visitaré.
Lo que más me llamó la atención es la máscara funeraria del joven faraón que reinó en Egipto, Tutankamón, también sus joyas y los sarcófagos. La máscara es de oro y parece increíble todo lo bien conservada que se encuentra.
Su descubrimiento fue un hito en la historia de la arqueología. En 1922, Howard Carter fue el que realizó este hallazgo en el Valle de los Reyes. En su libro explica su descubrimiento tras años de búsqueda y preparación.
Lo más importante es que la tumba de Tutankamón había permanecido intacta a través de los milenios sin ser violada por los ladrones y pudieron localizar todos los objetos que habían permanecido junto a su tumba. “La tumba de Tutankhamón” es uno de los libros imprescindibles al que le interese la arqueología y el Antiguo Egipto.
Aunque en todas las investigaciones que realizaron nunca se supo la edad de la muerte del joven faraón, sí que su corto reinado fue en el periodo de juventud. Creo que fue el descubrimiento más misterioso encontrado en aquella época.
Por la noche fuimos a cenar al Felfelas, un restaurante local cercano a nuestro alojamiento. Era uno de los favoritos de expatriados y había pocos viajeros. Cenamos a gusto un falafel y un pincho de cordero.



















































