22 de septiembre de 1989

EGIPTO : LOS TEMPLOS DE ABU SIMBEL Y PHILAE


Esta mañana nos levantábamos a las 3:30 h para tomar un café y salir a las 4:30 h del hotel. Nos dirigimos hacia la carretera que nos llevaba hasta Abu Simbel.




En medio del camino paramos para presenciar la salida del sol en el desierto. Pasamos varios controles de policía y a eso de las 8:00 h de la mañana ya nos encontrábamos en Abu Simbel.




La alemana que iba con nosotros llevaba dos meses viajando por el país e iba a nuestro lado. La otra pareja de alemanes, se sentaron junto al conductor.




La posibilidad de llegar en avioneta hace que el lugar ya se encuentre algo masificado a estas horas de la mañana, pero tuvimos tiempo para poder disfrutarlo antes de que aparecieran las masas de turistas que suelen llegar con autocar.




Algunos viajeros optaban por pasar la noche acampando y ver la salida del sol. Parece increíble que estos templos fueran trasladados piedra por piedra a este enclave para favorecer la conservación de los mismos.





La verdad es que es una maravilla poder ver las tumbas colosales en medio del desierto…




Volviendo paramos un rato para tomar algún refresco en medio del desierto pues vimos un chiringuito donde se podía descansar del arduo sol y de conducir pues cansa mucho la vista. El calor penetrante a partir de las 12:00 h del mediodía se hacía insoportable. 




La vista se nublaba a través del desierto y a lo lejos veías un paisaje borroso que parecía moverse, no era más que una visión óptica pero cuando llevas horas en el desierto se producen los famosos espejismos.





Paramos en la presa de Asuán. Fue construida en la década de los años 60, es una de las obras de ingeniería más importante del siglo XIX. Se construyó para evitar las inundaciones del Nilo y las sequías que vivía el país. Tiene 3600 m de longitud y 111 m de altura. Su construcción dio origen al lago Nasser de 480 km de largo y 16km en su parte más ancha.




Dicho embalse causó preocupación entre los arqueólogos debido a que el complejo de Abu Simbel, junto a otros templos permanecieran sumergidos bajo las aguas. 




La UNESCO realizó el rescate en el 1960 de los 24 templos entre ellos los de Philae, Kalabsha y Amada, incluso algunos fueron donados a países que colaboraron en el rescate como el templo de Debod en Madrid, el de Dondur en Nueva York… etcétera.




En el camino de vuelta se nos estropeó el coche en medio de la carretera y el conductor se puso nervioso, empezó a mirar donde se encontraba la avería y después de estar tres cuartos de hora más sin una palmera que nos cobijara a la sombra, hizo una chapuza con una goma que tenía por allí suelta y pudimos marchar de nuevo. Teníamos mucha sed, nos quedaba poca agua y llegamos al hotel exhaustos.




Al día siguiente fuimos en ferry hacia la isla de Philae, situada en medio del Nilo y donde pudimos pasear por sus ruinas de forma tranquila. Ya desde el ferry se apreciaba la belleza del templo. 




Desmbarcamos y fuimos recorriendo lo que habia sido el templo dedicado a la diosa Isis. 





En su parte principal se encontraba “la mammisi” o casa del nacimiento, donde Isis dio a luz al dios Horus. Estaba decorado con escenas del alumbramiento.




Al poco tiempo aparecieron los grupos organizados quitando la magia del lugar. 




Sobre todo eran grupos de japoneses y españoles y me parecían borregos.




Encontré en uno de los pasadizos un árabe que me regaló una flor pero luego al estar yo sentada empezó a tocar mi pierna y a rozar sus partes conmigo y salí pitando de allí.




Al volver nos fuimos al Hotel Iris a bañarnos en su lujosa piscina con el Nilo justo al lado del borde hoy era nuestro último día en Asuán y nos quedamos allí a comer y disfrutar las últimas horas horas de la hermosa vista.

21 de septiembre de 1989

EGIPTO : EL MERCADO DE ASUÁN Y LA ISLA ELEFANTINA

 

Preparamos nuestras mochilas para dejar todo listo y salir en tren nocturno hacia Asuán. Cogimos un taxi ya que los autobuses iban a tope. Al llegar a la estación el ambiente era sorprendente, había mucha gente y un ligero caos de trasiego, aún y así no me desagradaba. 



Teníamos una reserva hecha con antelación de compartimento para dos con la compañía alemana Wagón Lits en literas. Incluso en el interior del tren había hilo musical y nos trajeron la cena a la cabina con vino incluido. ¡Qué contraste! Lo que más recuerdo del trayecto era la música que sonaba de sobras conocida en nuestro país por Emilio el Moro cantando la famosa canción “Cherie te quiero, cherie yo te adoro, como la salsa del pomodoro” pero claro, cantada en árabe.




Esta mañana al despertar, el paisaje que se veía tras la ventana era totalmente desértico, ya nos encontrábamos a pocos kilómetros de Asuán, en el sur de Egipto. Una vez llegamos a la ciudad, pudimos ver la maravillosa vista del Nilo, en su máxima extensión. Buscamos un alojamiento adecuado, era un pequeño hotel sencillo, frente al río y desde la ventana de la habitación podíamos apreciar la hermosa vista.



Dejando los bártulos en la habitación, fuimos a ver el mercado de Sharia al Souk, el antiguo bazar de la ciudad. Aquí es donde se respiraba el real ambiente de Asuán, más bien parecía un pueblo. 



Algunas mujeres vestían de negro, con el velo tapándoles las facciones y sólo dejando al descubierto parte su cara y en sus manos llevaban guantes. En la cabeza cargaban las compras. Los señores, con sus turbantes, vendían especias y frutos, cestos de paja y mimbre, antiguas balanzas… Era un ambiente auténtico que me hacía disfrutar por la ausencia de turismo.



Colores y olores se mezclaban e inundaban el mercado de exotismo. La mayoría de hombres iban con sus túnicas blancas, algunos las llevaban de color malva o azul claro. También se vendían verduras, ropa y todo tipo de objetos. Era gente tranquila y a la vez sociabilizaban contigo. Si les preguntabas te daban a probar sus productos.



En una de las pequeñas paradas de especias le pedí al vendedor por azafrán y curry. Lo tenía todo muy bien organizado en unos montoncitos de sobres pequeños donde introducía las diferentes especias. El buen hombre vestía una túnica blanca con un pañuelo azul estampado alrededor de su cuello y un turbante blanco.



Se encontraba metido en su puesto de especias, un cuchitril que a mí me daba agobio nada más verlo ahí dentro. Pero me hizo gracia y al preguntarle para hacer una foto no puso impedimento alguno. Él iba a lo suyo, a la venta de las especies. También compré un par de costureros con unos colores vivos aunque eran un poco voluminosos para llevarlos en el viaje.



Dejando el mercado nos fuimos a comer a un pequeño restaurante local donde cocinaron unos garbanzos estofados y tomamos carpa del Nilo, todo servido en unos platos de aluminio, muy austero pero rico. Había varios moteros que tenían sus Harley aparcadas y también algún lugareño que comía el menú igual que nosotros. Era un lugar sencillo ubicado en plena calle con cuatro mesas y barato.




Ya caía la tarde y nos fuimos a coger una faluca, la típica embarcación del Nilo donde dos jóvenes nubios nos acercaron a la isla infantina para ver el Jardín Botánico y el Mausoleo de Aga Khan. Este era un edificio de granito que fue escogido por el sultán antes de su muerte pues su ubicación era la ideal para su descanso, ya que quería estar junto al Nilo.



Los antepasados del Aga Khan fundaron la dinastía fatimí con capital en El Cairo. El fatimí representó uno de los apogeos de la cultura musulmana que fueron mecenas de las artes, la arquitectura, la literatura… etcétera que también compartía el Aga Khan.




Volvimos con la faluca con los dos nubios que nos acompañaban. Eran muy guapos, jóvenes algo serios pero muy diferentes a los egipcios. Tenían la piel más oscura con facciones más africanas y más suaves, nada que ver con los egipcios del norte. Y es que los nubios se localizan en la región del sur de Egipto, Nubia y en la zona norte de Sudán. Su población se asienta a lo largo del Valle del Nilo. Antiguamente fue un reino independiente.



Esta noche nos acostamos pronto pues mañana madrugamos para ir hacia Abu Simbel.


17 de septiembre de 1989

EGIPTO: VISITA A LAS PIRAMIDES DE GIZAH



Hoy por la mañana nos levantamos a las cinco y media para poder coger el autobús local que nos llevaba al pie de las pirámides de Gizah, las más famosas del mundo y qu todos hemos sabido de su existencia desde que éramos niños.





Fue complicado encontrarlo ya que desconocíamos el idioma árabe y no habia ninguna señal en inglés. Cuando empezaba a ponerme nerviosa porque nadie nos entendía con nuestras pocas palabras en árabe, un señor muy amable que hablaba francés nos indicó cual era el que debíamos coger. El tráfico en Cairo es desorbitante y se conduce de forma alocada pero con cierto orden dentro del desorden.





El vehículo era un minibús de ocho personas para llevar a los obreros pues salian muy temprano de casa con el almuerzo preparado. La persona que iba a mi lado no le hacía ni pizca de gracia que una turista como yo se entrometiera en su intimidad. El hombre, con cara enfurruñada comía un bocadillo que despedía un sabor a ajo y dejó la furgoneta impregnada del aroma, a la vez que replicaba a sus compañeros el porqué nos habían dejado subir. Sin necesidad de entender el idioma esto fue lo que intuí de ese hombre malhumorado. En parte era comprensible. Yo iba a su lado casi sin respirar para no molestarlo. A medio camino se bajó y descansamos del momento de tensión.




Al final del trayecto, el conductor nos dijo que ya podíamos bajar, le pregunté si era el lugar correcto y me señaló con el dedo que mirara hacia el otro lado y ante mi apareció la gran sorpresa, allí se encontraba una de las tres pirámides. 





Majestuosa ante mi, no me podía creer lo que estaba viendo y bajé del minibús con entusiasmo y despidiendome del conductor que me sonrió al darse cuenta de mi asombro...




Eran las siete de la mañana cuando llegamos los primeros y nos abrieron las puertas. Les dijimos tajantemente que no necesitábamos guía ante la insistencia tan acentuada de los vigilantes de la entrada (tengo que decir que los árabes que se dedican al turismo suelen ser un poco pesados) y por fin pudimos disfrutar solos durante tres horas de la belleza del lugar. Estábamos en medio del desierto, no te imaginas que las pirámides puedan estar enclavadas en la misma ciudad. 



 


Empezamos a hacer fotos del lugar sin que nadie nos molestara, nos adentramos en una de ellas, la pirámide de Keops que es la más grande, pero sabiendo que dentro no encontraríamos ningún tesoro, pues están vacías. Lo interesante es poder recorrer la mayoría de pasadizos que llevan a las cámaras con subidas y bajadas laberínticas y sin que la emoción en el cuerpo nos abandonara.




La esfinge de Gizah estaba siendo restaurada por lo que no fue posible hacerle una buena foto pero pudimos comprobar que su cara estaba erosionada por el viento tal y como nos explicaban en la escuela en nuestros años de estudiante. De todas formas, nos impresionó su figura, parecía una vigilante del desierto.




Al salir, un camellero nos perseguía para podernos hacer la foto de rigor con sus dromedarios engalanados. Accedimos a ello, y entre subida y bajada del animal, aprovechó para tocarme las piernas ya que las llevaba descubiertas por una corta falda pantalón. 




Que ignorancia la mia, enseguida descubrí mi error por vestir con falda-pantalón corta. 




También nos predijo el futuro, nos dijo que estariamos toda la vida juntos y tendríamos dos hijos. Nosotros nos reímos, sobretodo por lo segundo.

15 de septiembre de 1989

EGIPTO : EL MUSEO EGIPCIO DE EL CAIRO

 

Estoy tan emocionada que no he podido dormir en las dos últimas noches. Es mi primer viaje fuera de Europa y con un vuelo de cuatro horas viajamos por nuestra cuenta a este país soñado. 




Era mi viaje favorito desde hacía mucho tiempo pues sólo anteriormente había viajado por una decena de países por Europa y vivido dos años en Holanda. Hasta que no encontré un trabajo fijo para permitirme el coste de viajar por lugares exóticos y tener la suerte de conocer a la que hoy es mi pareja actual, no me lo podía permitir.



Una vez lleguemos al Cairo, emprenderemos una ruta que nos llevará por los lugares más emblemáticos del país, haciendo un recorrido de unos 15 días. Confío en mi pareja, persona más experimentada en viajes fuera de Europa. 




...Llegamos al aeropuerto del Cairo sobre las 11:30 h y en 45 minutos de trayecto al centro ya me percaté de lo lejos que quedaba Europa. Todo me llamaba la atención. Entablamos conversación con el taxista mientras nos llevaba al centro de la ciudad y nos explicó muchos detalles y de que lleváramos cuidado. Esto me hizo estar alerta ya que una vez llegados al centro me dio la sensación que todos los hombres me miraban con esos ojos penetrantes como si yo destacara entre la multitud. 



Creo que llamaba la atención pues aunque discreta, mi vestimenta era totalmente europea. Yo pensaba que iban a robarme, simplemente era una sensación de desconfianza y pronto me acostumbré a sus miradas. 



Nos alojamos en el Lotus hotel, muy cutre por cierto con olor a orín por toda la habitación y de las sábanas... mejor no hablar. Por eso saqué mi sábana personal y la puse encima para poder descansar tranquila. Además, alguna cucaracha vino también a visitarnos. Esta era una prueba evidente de que podría viajar sin remilgos y que por alguna noche que pasara así no era importante, a la vez podía viajar más veces con mi pareja y forjarme como viajera.




Por la tarde fuimos a visitar el Museo del Cairo, una auténtica maravilla pero para mi gusto estaba un poco desordenado y había muchos objetos amontonados.



Aquí se exhiben la mayoría de los tesoros encontrados en las tumbas de los faraones pero no estaban las momias embalsamadas. Estas se encuentran en el British Museum de Londres que algún día visitaré.




Lo que más me llamó la atención es la máscara funeraria del joven faraón que reinó en Egipto, Tutankamón, también sus joyas y los sarcófagos. La máscara es de oro y parece increíble todo lo bien conservada que se encuentra.



Su descubrimiento fue un hito en la historia de la arqueología. En 1922, Howard Carter fue el que realizó este hallazgo en el Valle de los Reyes. En su libro explica su descubrimiento tras años de búsqueda y preparación.



Lo más importante es que la tumba de Tutankamón había permanecido intacta a través de los milenios sin ser violada por los ladrones y pudieron localizar todos los objetos que habían permanecido junto a su tumba. “La tumba de Tutankhamón” es uno de los libros imprescindibles al que le interese la arqueología y el Antiguo Egipto.



Aunque en todas las investigaciones que realizaron nunca se supo la edad de la muerte del joven faraón, sí que su corto reinado fue en el periodo de juventud. Creo que fue el descubrimiento más misterioso encontrado en aquella época.



Por la noche fuimos a cenar al Felfelas, un restaurante local cercano a nuestro alojamiento. Era uno de los favoritos de expatriados y había pocos viajeros. Cenamos a gusto un falafel y un pincho de cordero. 


PD. Las fotos del Museo Egipcio del Cairo son capturadas de Internet, las que tenía de 1989, se encontraban en muy mal estado.