17 de junio de 2021

SICILIA: EL VALLE DE NOTO Y LAS VILLAS DE RAGUSA, NOTO Y MÓDICA


Desde el lado derecho del autobús de línea ya divisábamos la belleza de Ragusa Ibla, uno de los pueblos del Valle de Noto y que aparecía imponente ante nuestros ojos. Bajamos en la parada de Giardino Ibla, un parque precioso con plantas muy cuidadas.



Desde aquí caminamos hacia el casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad en el 2002 y nos asombramos al ver sus calles empedradas impolutas con iglesias y palacios impresionantes.




Subir a la Catedral de Ragusa era como una pirámide colosal por la cantidad de escaleras que había que subir hasta llegar a ella. Los integrantes de una reciente boda bajaban con sus trajes elegantes, mezclados entre el turismo.



Visitamos por dentro la Catedral de San Giorgio que más bien se asemejaba a un teatro con sus enormes cortinajes y las enormes lámparas que colgaban de los arcos.



Nos dirigimos en dirección al Museo de San Giorgio y las calles se encontraban decoradas con plantas y las casas de piedra pintadas de colores ocres y amarillos daban un encanto particular.




Algunos de los edificios por los que pasamos tenían reminiscencias catalanas, cuando era la época de la Corona de Aragón. 



Pasamos por la Vía Scala que era la conexión a Ragusa Superiore y nos perdimos entre callejuelas y plazas, apreciando unas lindas panorámicas.



Por la tarde, como nos daba tiempo quisimos visitar Noto, también inscrito en la Unesco desde el 2002.


Desde la estación había que andar unos veinte minutos y paramos a tomar una granitta, deliciosa con el calor que hacía y enfrente teníamos la Chiesa di San Franchesco della Inmaculada.





Entramos dejando detrás su imponente escalinata junto al Corso Vittorio Enmanuelle, la arteria principal de la ciudad. En su interior hay una nave alargada de forma rectangular y en el altar se encontraba la estatua del Sagrado Corazón.    


Subimos por la calle donde se encuentra el Palazzo Nicolae di Villadorata, con adornos de gárgolas en los balcones. Al final de esta calle pudimos ver otra de las innumerables iglesias.



En Noto, a mediados de mayo hacen un festival de flores engalando sus calles, con música y desfiles. En alguna de ellas, se podía ver el dibujo trazado de la decoración.



 

Finalmente visitamos la Catedral di San Niccolo, de estilo neoclasicista, nos pareció imponente con su gran escalinata y las estatuas de bronce. Dicha catedral fue elevada a Basílica Menor por el Papa Benedicto XVI en el 2012. 

 


Al día siguiente fuimos a Módica, donde visitamos su centro histórico medieval. La Catedral del Duomo di San Giorgio se encontraba en la parte alta y había que subir unas doscientas cincuenta escaleras hasta llegar a ella.  



Pero caminar por sus callejuelas de piedra cuesta arriba se nos hacía muy agradable con el aroma que desprendían las flores a medida que íbamos subiendo.




De estilo barroco, como la mayoría de iglesias y catedrales en Sicilia, nos recreamos para ver su interior donde había una bella escultura de San Jorge con su caballo luchando con el dragón , un órgano maravilloso, retablos, lámparas…etc.



Las vistas eran espectaculares desde aquí. Continuamos hasta el Duomo di San Pietro y la Chiesa di San Giovanni Evangelista. 




Más allá nos topamos con la Chiesa Rupestre di San Nicolò Inferiore, del siglo XII, por lo que se considera la iglesia más antigua de Módica. Una pena porque se encontraba cerrada. Esta iglesia tiene la peculiaridad de haber sido descubierta por accidente en 1987...


15 de junio de 2021

SICILIA : EL PARQUE ARQUEOLÓGICO DE SIRACUSA

 

Desde el Hotel María Ortigia nos dirigimos hacia el Parque Arqueológico Neópolis. Caminamos unos veinte minutos y salimos de la ciudad vieja de Ortigia, un barrio de Siracusa que es mucho más tranquilo que el centro pues la mayoría de sus calles son peatonales.



Como apenas había gente en la entrada, compramos los billetes en un santiamén y para dentro. Lo primero que visitábamos era la Grotta dei Cordari. Durante siglos, gracias a su longitud y a la presencia de agua, ha acogido el arte de los cordeleros..



La bóveda todavía está sostenida por pilones dejados por los canteros de piedra, y se puede ver en su interior enormes bloques bien cuadrados que cuelgan del techo como estalactitas colosales.




Nos adentramos en la Oreja de Dionisios, una enorme cueva artificial de caliza traída de una vieja cantera y que mide 23 metros de alto por 65 metros de largo y tenía una forma curva. 



Debido a la forma de oreja tenía una sensacional acústica que pudimos comprobar emitiendo sonidos que el eco nos devolvía con claridad.




Cuenta la leyenda, que Dionisios utilizó esta cueva como prisión para sus esclavos y así podía oír los gritos cuando los torturaban. 




Otra de las leyendas es que Dionisios se escondía para escuchar los planes y secretos que hacían los disidentes que permanecían en la cueva por medio de la acústica. Terrible, no?



En la parte superior del parque se encontraba la Grotta del Ninfeo con su manantial de agua. También se pueden apreciar las vías sepulcrales donde enterraban a los muertos.




Nos fuimos hacia el Teatro Griego, uno de los más grandes del mundo y con vistas hacia el mar. Fue construido en su primera fase en el siglo III A.C. y forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco.




También pudimos apreciar el anfiteatro romano, de forma oval, precioso aunque un poco descuidado. Las arcadas que había en la zona norte y sur servían para dar paso a los gladiadores y las fieras.



Volvimos al principio del parque para poder admirar el Ari de Hierón, un enorme altar donde se podían sacrificar a más de quinientas personas a la vez. 




Siracusa, en aquellos tiempos, tras de los griegos, fue la ciudad más grande después de Atenas y Corinto. 

12 de junio de 2021

SICILIA: TAORMINA E ISOLA BELLA

Nos dirigíamos hacia Puerta Messina para visitar temprano el Teatro Griego de la ciudad, famoso por su bella ubicación y las vistas del Etna, que eran espectaculares. Nos encontrábamos en la parte más alta de la ciudad, bajo el Monte Tauro.



A pesar de que la entrada costaba 13,5 euros, valía mucho la pena aunque quizás en otra estación del año tendría más encanto ya que en la época estival celebraban el Festival de Música y lo suelen llenar de andamios.




Bajamos hacia la ciudad para pasear por la Villa Comunale, unos jardines del siglo XIX que fueron diseñados por Florence Trevelian, una inglesa que vivió en Isola Bella y que su gusto exquisito por los jardines hizo de este lugar un pequeño oasis en medio de la ciudad.



Desde el jardín teníamos más vistas hacia el mar y el Volcán Etna que parecía allá a lo lejos despertarse de entre las nubes que lo rodeaban.





Bajamos por un tramado de escaleras de más de cuatrocientos peldaños donde finalmente nos encontramos con una gran playa de guijarros y en medio se situaba Isola Bella con la casa que perteneció a la dama inglesa. Actualmente, la pequeña isla se encuentra cerrada para preservarla.




La playa se encontraba a rebosar y el acceso era bastante complicado para bañarse sin los escarpines pero descubrimos un pequeño acceso en otra zona de la playa más tranquila donde atracaban las embarcaciones.






Después de un refrescante baño subimos de nuevo las escalinatas y nos fuimos hacia el Funivía, el teleférico que une el casco antiguo hacia otra zona de playa y comimos en una pizzería con vistas a la playa de Mazzaró.





Tomamos un autobús de vuelta hacia el hotel para ducharnos y al atardecer, ver el Palazzo Ciampoli y tomarnos una granita con crema en el Bam Bar, con cerámicas de Castelglioni. 




Ya anocheciendo, terminamos paseando por la ciudad sin un rumbo concreto, mezclándonos entre la gente, apreciando la belleza de los edificios y sus monumentos, e ir más allá donde nos llevara el viento.




10 de junio de 2021

SICILIA : STRÓMBOLI, LA ISLA MÁS DESEADA DE LAS EOLIAS

 

Nos encontrábamos rumbo a Strómboli, esa mítica isla con la que siempre había soñado desde que vi la película de “Strómboli, terra de Dío”, una apasionante historia de corte documental donde trata la relación profunda entre el ser humano y la naturaleza abrupta que le rodea, obra del afamado director Roberto Rossellini. Es una de esas películas que te atrapan y que no olvidas.



Paramos a medio camino en Salina y Panarea, dos de las islas menores de las Eolias y en Puerto Ginostra en Strómboli, antes de llegar al puerto principal. Lloviznaba poco pero esa lluvia hacía que la isla se encontrara en su máximo esplendor.



Desde lejos ya se vislumbraba el volcán, imponente desde todos sus ángulos y una vez atracamos, nos alojamos en el mismo puerto con vistas a la parte más agradecida del volcán, apreciando su manto verde y su vestido de flores de vivos colores.




La sensación de isla auténtica perduraba a pesar del turismo pues no había carreteras sino caminos de pista y el alumbrado apenas era existente en la noche. Sólo las motorettas y los taxis que eran carritos de golf, rompían esa tranquilidad que había en la isla.



Subimos hacia el centro de San Vicenzo desde el barrio de los pescadores. Sus calles eran estrechas con casas caladas de blanco y puertas de alegres colores.




Una vez llegamos a la plaza, vimos la Chiesa de San Vicenzo. 



Desde aquí nos encaminamos hacia la Casa Roja, donde Rosellini y la Bergman tuvieron un tórrido romance en la época del rodaje de la película.




La casa permanecía cerrada y estaba en venta. Afuera había una memorable dedicatoria que decía: En questa casa dimorá Ingrid Bergman che con Roberto Rossellini girá il film "Strómboli" nella primavera del 1949.



Y es que el volcán era el gran protagonista, desde todos los ángulos lo podías ver. Tenía una forma cónica perfecta, parecía que te persiguiera allá donde fueras. 



De vez en cuando daba un estruendo sacando humo y fuego como queriendo decir “estoy aquí, vigilándote”. Para mí esa era la magia al recorrer la isla sin perderlo de vista.



Comimos en el Restaurante Da Luciano, una ensalada primavera y pizza Capricciosa para dos pues eran enormes. De postre, un semifreddo de pistachio y macedonia di frutti. 



Teníamos delante las vistas del Strombollichio, el volcán más antiguo de las islas. Ya casi extinguido, yacía en medio de las aguas del Mar Tirreno.



Caía la tarde y seguimos paseando por las calles que bajaban del pueblo a la  Marina donde se encontraban las casas vacacionales y residencias, construidas con material volcánico, guardando la esencia de tiempos pasados.



Poco antes del anochecer, cogimos una barca que contratamos en el puerto para ver el volcán que se encontraba en erupción y presenciar la bella puesta de sol. A la vuelta, tuvimos que arremangarnos los pantalones porque la marea había subido y las barcas se encuentran en la misma playa puesto que no hay ningún muelle construído, sólo el de los ferrys.



La subida la haríamos al día siguiente...