24 de octubre de 2005

SENEGAL : LOS PESCADORES SERERE DEL SINÉ-SALOUM

 

Cuando llegamos al Siné-Saloum, estuvimos alojados en el Hotel Saloum-Saloum, unas cabañas modestas frente al delta, muy cerca de donde se encontraba el ferry.



Nos recomendó el mismo gerente del hotel que fuéramos a hablar directamente con los pescadores para contratar una barca para el día siguiente.



Primero preguntamos a los jóvenes pescadores si nos podían llevar al día siguiente y un chico joven nos dijo que sí pero primero debíamos ir a su casa y pedirle permiso al abuelo, así que nos fuimos con él y nos hicieron pasar. 



Era una casa a medio hacer, sin techo con unas cuantas paredes de cemento y distintas estancias donde se dormía  y en el patio central se cocinaba y se hacía la vida familiar.



Allí se encontraba toda la familia de casi 20 miembros y nos ofrecieron quedarnos con ellos un rato tomando té. Los pequeños tenían un poco de miedo, creo que era la primera vez que veían personas de piel blanca. Los jóvenes se revolucionaron al vernos y se dejaron fotografíar con nosotros.




Los serere son comunidades tradicionales que dependen del rico ecosistema de manglares y estuarios para su sustento, practicando pesca artesanal en piraguas.




El abuelo nos dio permiso con una especie de bendiciòn para que su nieto fuera con nosotros y apalabramos el importe de la barca con la gasolina incluída y el barquero.




Sin duda fue una bonita experiencia compartir charla y sonrisas esa tarde en casa de la familia de pescadores y al día siguiente partimos.




El Delta del Siné-Saloum es un paraje natural impresionante con un ecosistema muy variado donde hay multitud de especies tanto animales como vegetales.



Está formado por la desembocadura en el Atlántico del río Saloum y el río Sine. Unas 76.000 hectáreas de este delta ha sido declarado Parque Nacional en el año 1976 y fue reconocido Reserva de la Biosfera en 1980.



La zona se compone de una gran área de marismas, manglares y más de 200 pequeñas islas. En cuanto a aves hay pelícanos, garzas, flamencos rosas, el martín pescador, jabirúes, cormoranes, águilas, golondrinas, gaviotas…pero la verdadera riqueza está bajo el agua…




Se estima que hay unas 114 de especies de peces distintos… En cuanto a otros animales también hay tortugas marinas, cocodrilos o delfines pero son muy difíciles de ver.


22 de octubre de 2005

SENEGAL : EL MERCADO DE KAOLACK

 

Cuando llegamos a Kaolack nos alojamos en Le Relais, un hotel con piscina frente al mar, en la Plage de Kundam.



Kaolack es una población estratégica entre Dakar, Gambia y el oeste de Senegal. Cuenta con uno de los mercados más grandes del país.



El mercado había conservado toda su autenticidad, con puestos extensos, colores vibrantes y tenía un ambiente animado. Entramos por uno de los recovecos que estaban cubiertos por cartones. Parecía que uno se sumergiera en un submundo de inmundicia y miseria.



Aunque sólo fue una sensación pues de inmediato vimos un mercado bien organizado pero no muy amigable con el “toubab”, el hombre blanco.




Y es que en algún caso, la gente nos decía que no se podían hacer fotos. Ni siquiera en puestos sin gente donde sólo se mostraba la mercancía. 




Notamos un poco esa aversión hacia nosotros, cosa que nunca nos había ocurrido. Pero en otros puestos la gente era amable y se prestaba a posar sin problema.




Allí pudimos encontrar un poco de todo: telas importadas, frutas, carnes, remedios herbales e instrumentos musicales, que son más fáciles de regatear que en Dakar.




Sin embargo, mejor evitar este mercado durante la temporada de lluvias, no quiero imaginar cómo se pondrán los callejones inundados de barro e insalubres inspirando poca confianza.



Cuando habíamos dado unas cuantas vueltas, salimos al exterior medio mareados pues el calor nos asfixiaba. 



Por la tarde disfrutamos de un baño en la piscina y nos relajamos. Al día siguiente partiríamos hacia el delta del Siné-Saloum.

19 de octubre de 2005

SENEGAL : LA ISLA DE GORÉE

 

La Isla de Gorée, frente a Dakar (Senegal), fue un importante centro de la trata transatlántica de esclavos entre los siglos XV y XIX, dominada por portugueses, holandeses, ingleses y franceses, sirviendo como punto de partida para millones de africanos hacia América.



Fuimos desde la capital, Dakar, hacia la estación de taxis compartidos que nos llevaría hasta el ferry y en tan sólo unos veinte minutos de trayecto nos hizo llegar a la isla.



Una vez en tierra, nos encantó el ambiente tranquilo de Gorée y fuimos a buscar un alojamiento cercano al puerto para los próximos días. 



Elegimos el Auberge Keur Beer, una casa colonial con precios razonables, sencillo y con cierto aire isleño. Nos dieron una habitación muy amplia y con encanto. Había balcones en las habitaciones superiores y patios.



Una vez instalados, dejamos las mochilas en la habitación y nos fuimos a merodear por la isla, dirigiéndonos primero a la Casa de los Esclavos, construida por un neerlandés en 1776.



Empezamos el recorrido al pie de dos escaleras simétricas típicas de esta construcción de finales del siglo XVIII. El edificio funcionó principalmente como prisión para esclavos antes de que fueran embarcados hacia las Américas.



Simboliza el encarcelamiento y el sufrimiento, con celdas tan pequeñas y oscuras donde hacinaban a los esclavos. 




La parte trasera daba a la temida abertura por donde hacían salir a los esclavos, era la puerta del no retorno.




Esta casa se convirtió en un memorial mundial gracias a esfuerzos como los de su primer conservador, Boubacar Joseph Ndiaye, y visitas de figuras como Nelson Mandela y Barack Obama, siendo inscrita como Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1978.



Afuera, unos metros más allá se encontraba el monumento de la liberación de los esclavos, representado por dos hermanos guadalupenses un hombre liberándose de las cadenas y su hermana abrazándolo. Es una imagen que recuerda lo ocurrido con la esclavitud en aquella época.




Después nos fuimos andando hacia el paseo marítimo que estaba flanqueado por cañones mirando al puerto, donde llegaban los barcos y ferries desde la capital.




Nos dirigimos hacia el Fuerte de San Francisco, llamado en realidad Fuerte d’Estrées, una fortaleza francesa del siglo XIX, construída para defender el puerto. Desde aquí se podía observar toda la bahía.



Seguimos por la tarde caminando por las calles de Gorée, era un paseo por el tiempo donde se veían casas coloniales algo destartaladas y pintadas de colores terrosos. 





Los niños jugaban en la calle y cuando pasábamos frente a ellos, se fotografiaban con nosotros bajo la atenta mirada de sus madres.





Luego subimos hacia el Castel, una fortificación neerlandesa del siglo XVII, ubicado en una colina pero cuando llegamos lo vimos bastante abandonado y nos volvimos bajando por la Rue des Artistes que exhibían sus obras.




La mayoría eran pinturas que representaban la cultura wolof, también trabajaban la cerámica, creando figuras y vasijas. Vimos telas tipo patchwork de alegres colores, incluso vendían instrumentos de percusión.





Todo transcurría de forma apaciguada en la isla. Paramos en un chiringuito a tomar un refresco.



Cuando ya caía la tarde, cenamos en el puerto, tomamos un yassa poulet viendo llegar los cayucos de pescadores y escuchando el sonido de fondo de las olas.