Al llegar a la estación de tren de Maribor, andamos unos 15 minutos y nos alojamos en el mismo centro histórico. Dejamos las mochilas y nos fuimos a recorrer la ciudad.
Nos dirigimos hacia la Glavni Trogir, una de las plazas más emblemáticas y aquí se encontraba el ayuntamiento, la Iglesia de San Luis y la famosa Columna de la Plaga, contruída en el siglo XVII.
Casi un tercio de los habitantes en aquella época perdió la vida por la peste. Antaño, esta plaza era el principal lugar de transacciones comerciales por lo que era llamada Mark.
Los granjeros y comerciantes venían a vender sus productos hasta que estalló la II Guerra Mundial. A día de hoy es una plaza repleta de terrazas con cafés y había varias casas emblemáticas, una de ellas una farmacia con símbolos incrustados en la fachada de color rosa.
Después bajamos por un callejón medieval que nos llevó hacia el río Drava, en el barrio de Lent.
Históricamente, Maribor fue una de las ciudades más importantes de la región durante el siglo XII. Formó parte del imperio Austro-Húngaro y estuvo habitada por serbios, croatas y eslovenos. En 1991, se independizó de Yugoslavia y formó el país de Eslovenia.
Maribor es la segunda ciudad universitaria tras Liubliana con diecisiete facultades. Muchos de sus estudiantes vienen a estudiar de fuera con las becas de Erasmus.
Paseamos junto al río Drava cruzando el puente de madera y al lado estaba el puente de hierro, el Stari Most que nos recordaba un poco al puente de Eiffel en Oporto.
Enfrente se encontraba la Torre del Agua que en tiempos pasados sufrió la subida del caudal del río, allá por los años 60, quedó sumergida bajo sus aguas al igual que parte de su casco antiguo. Esta torre alberga actualmente una tienda de vinos de la zona.
Caminando un poco más vimos la Torre del Juicio, uno de los torreones que quedan de la antigua muralla.
Nos dirigimos hacia el Oldest Wine Museum. El museo del vino, más antiguo del mundo, representa la resistencia de la vid Modra Kavčina, una variedad de uva eslovena, de 460 años de antigüedad.
Esta cepa la exhiben con orgullo a unos metros del museo en plena calle. Es la más antigua del mundo y se encuentra inscrita en el libro de los Record Guiness. Pagamos la entrada que incluye la exposición, una proyección de animación y dos degustaciones.
En la planta baja se encontraba la bodega y degustamos un vino de mesa blanco y otro más exigente, con más cuerpo. El 80% es de producción de vino blanco porque en la zona hay temperaturas demasiado extremas.
Saliendo del museo subimos una calle para visitar la Catedral de San Juan Bautista, construída en el siglo XII.
Frente a la iglesia del monasterio franciscano, contruído en ladrillo rojo, se encontraba un curioso monumento, el NOB, en homenaje a los condenados a muerte durante la Segunda Guerra Mundial.




















