10 de junio de 2018

TRANSNISTRIA : TIRASPOL Y LA FORTALEZA DE BENDER


Nos dirigimos hacia la ciudad de Bender (o Tighina), que se encuentra ubicada en la zona sur del territorio moldavo pero es  controlado bajo la región separatista de Transnistria, un estado de reconocimiento limitado, surgido tras el conflicto postsoviético.


En Transnistria, la mayoría de sus habitantes son de habla rusa, tienen moneda propia y ejercito que es controlado por los rusos. Nicolai, el guía que nos acompaña,  nos explica el porqué de todo este embrollo pues ni siquiera ha sido reconocida por las Naciones Unidas, al igual que el Nagorno-Karabakh, Osetia del Sur y  la Abkhazia.


Pasamos la frontera de forma rápida enseñando nuestro pasaporte y nos entregan un papel de permiso de entrada. Si te alojas en algún hotel o vas a estar más de 24 horas, te piden un comprobante del lugar donde duermes pero todo transcurre de forma sencilla, sin complicaciones.

Nos acercamos primero a la Fortaleza de Bender que se encuentra en medio del campo, en una gran explanada junto al río Dniester. En su entrada nos acompaña una guía local para informarnos sobre la historia del castillo y nos habla del famoso barón Munchausen donde pasó 4 años de su vida.

Hay un pequeño museo donde explica la guerra que hubo entre rusos y turcos en el período otomano. 

Alrededor del gran patio hay cañones decorativos. 


También se puede subir a alguno de sus torreones desde donde se ve una gran panorámica con el rio al fondo.


Una vez acabada la visita recorremos el centro histórico de Bender. Entramos en la antigua estación del ferrocarril donde hay un precioso hall.



El tren-museo permanece cerrado pero opto por hacer una foto a la preciosa locomotora.


Vemos la Iglesia de la Santa Joachím y Anna, que no tiene nada de especial en su interior pero destaca su exterior en blanco y azul. 


También pasamos por el Arco Soviético y otros monumentos de la época comunista.

En una de las calles principales se encuentra el cine que es digno de ver. El salón principal es circular de estilo soviético, con grandes ventanales y una preciosa lámpara de cristal en el medio con asientos bajos alrededor. El suelo brilla y hay dos mujeres vigilando la sala. Afuera se exhiben carteles de las películas programadas, todas ellas muy comerciales.

Enfrente mismo se encuentra un parque con un busto de Lenin, Hacemos  algunas fotografías. A los pocos minutos de subir al coche, de camino hacia la capital, Tiraspol, nos para la policía para pedirnos los papeles. Es un simple control y nos dejan marchar siguiendo nuestra ruta.

La llegada a Tiraspol que se encuentra a 12km de Bender, se ha hecho esperar. La capital se encuentra llena de edificios que fueron construidos por los militares rusos y que ahora son ocupados por gente de pocos recursos. 

Pasamos delante del Palacio Presidencial con la escultura de Lenin en lo alto. Nicolai me comenta que puedo hacer fotografías pero desde la distancia para no llamar la atención.

Justo enfrente nos encontramos con un panel donde se enumeran todas las personas que lucharon contra los moldavos por la liberación en marzo de 1992. También hay una placa conmemorativa de los que lucharon en la guerra de Afganistán. 

Hacia la derecha vemos el Memorial junto con la llama encendida en honor al soldado desconocido y a los que fallecieron entres los años 1990 y 1992.


Paseamos por el parque que nos lleva hasta el río Dnieper, hay arena en la orilla pues la gente aprovecha a tomar el sol como si fuera una playa. La vida transcurre en Tiraspol de forma tranquila y sosegada. 


Es una sensación extraña pues uno se encuentra un poco perdido en el tiempo, con una fuerte influencia soviética, como en medio de la nada.  Muy recomendable que todo viajero debería conocer.       


6 de junio de 2018

MOLDAVIA: UN PASEO POR CHISINAU

 Después de algo más de una hora de trayecto en autobús  desde Orhei a Chisinau,  nos dirigimos hacia el Art Rustic Hotel que se encuentra  a unos 10 minutos caminando desde la estación de autobuses.


Una vez realizado el check-in y dejado las mochilas en la habitación, aprovechamos el día para recorrer la ciudad de Chisinau, llamada también la capital verde.


Junto al Boulevard Stephan Cel Mare, en la Plaza Principal,  se encuentra el  Arco de Triunfo y  la Catedral de la Natividad. Su interior posee bellos iconos y frescos.  


En su  exterior lo rodea el  Parque Central  bellamente decorado con flores, fuentes y árboles. Junto a este, hay un mercado de plantas.



En la entrada del Jardín Botánico podemos apreciar la estatua de Stephan Cel Mare o popularmente llamado Esteban el Grande y Santo. 


Fue un antiguo príncipe de la República de la Moldavia que reinó entre los siglos XV y XVI, trayendo prosperidad al país y que luchó contra algunos países de la Europa Central que le acechaban y lidió con el Imperio Otomano por mantener su independencia.

Desde aquí nos dirigimos hacia el Museo de Historia. Es un edificio imponente y en su entrada nos recibe una escultura de la Loba Capitolina, en honor a la procedencia latina. El interior alberga una exposición sobre la historia de la República de Moldavia, en moldavo e inglés. 

En una de sus salas hay un diorama sobre la 2ª Guerra Mundial. En otra de ellas hay una exposición de relojes e incluso podemos ver otra de las salas repleta de muebles clásicos que curiosamente se encuentran a la venta.

Saliendo del museo pasamos por una zona de cafés y después de una pausa nos dirigimos al mercado de la ciudad, que se encuentra en pleno apogeo. 

Me llama la atención el hangar donde venden queso fresco, todo limpio y bien organizado. Ver a las mujeres sonrientes con sus pañuelos y cofias blancas ofreciendo queso fresco y miel, destacando sobre los puestos pintados de color azul, me llena de emoción y les pido permiso para poderles fotografiar.



Enfrente se encuentran los viveros de pescado y la zona de verduras y frutas. Aquí las cerezas y las fresas son baratas y buenísimas. También venden pétalos de rosas (estamos en el país de las flores) para confeccionar mermeladas, tartas y productos cosméticos. 


Saliendo del mercado, seguimos viendo puestos de frutas y verduras, además de ropa y utensilios para cocina y otros menesteres.


Después del paseo hacemos un descanso en el hotel. Nos encontramos en una habitación cómoda con un pequeño balcón que da a una calle tranquila y ya al anochecer nos vamos a cenar al restaurante más típico de la ciudad, el Taifas, que tiene un diseño folklórico pero elegante.


Un hombre nos recibe en la entrada con un vasito de vino blanco y nueces. Enseguida nos ofrecen asiento y tomamos unas verduras asadas y albóndigas al estilo tradicional, acompañado de un tinto Codru de las bodegas Cricova. 


En el local se encuentran músicos amenizando la velada con música del país y brindamos por ellos.

4 de junio de 2018

MOLDAVIA: LOS MONASTERIOS DE SAHARNA, TIPOVA Y CURCHI

 

Hoy emprendemos ruta con Simón, el conductor que contratamos para la excursión de hoy. Conducimos unos 80km desde Trebujeni y vamos en dirección norte hacia los monasterios  de la zona.

Nos adentramos en plena naturaleza  y la primera parada, que se encuentra junto al rio con pequeñas cascadas que lo rodean, es donde se ubica el Monasterio de Saharna, por el que se atraviesa un puente colgante antes de llegar al mismo. Este monasterio data del año 1495.



La Reserva Natural de Saharna es una zona protegida. El curso del agua se divide en varias cascadas y fuentes que a lo largo de 10km permite hacer algo de senderismo subiendo fácilmente un camino marcado.


Uno de sus lugares destacados es el Recinto de las Aguas, donde la mayoría de excursionistas o creyentes paran a darse un remojo de pies, zambullirse en sus aguas o simplemente beber de sus fuentes.  


Incluso, hay casetas para que puedan cambiarse de ropa.


Nuestra segunda parada es volviendo en dirección a Orhei, donde visitamos el Monasterio de Tipova ubicado en otro entorno natural espectacular, con monasterios de los siglos XIII y XIV.


Desde el Monasterio Nuevo podemos apreciar un magnífico paisaje con las aguas del Río Dnieper. Justo al otro lado del río se encuentra la frontera con Transnistria. 

Bajamos por un bello camino siguiendo el curso del río que nos lleva hacia los monasterios antiguos donde aún viven monjes. Estos monasterios colgantes se encuentran excavados en la roca caliza. Una vez más, la mano del hombre ha creado una bella arquitectura artística en armonía con la naturaleza que lo rodea.

Una mujer que toma la sombra bajo un árbol, al vernos llegar nos vende la entrada y nos dice que adelante, que somos los primeros en llegar. Así que exploramos solos el lugar. En el interior hay más de veinte cámaras y túneles que se comunican entre sí.

En una de las cámaras hay un pope de cabellos y barba muy largos y se encuentra encendiendo las velas. Ni siquiera se inmuta al vernos pues se encuentra ensimismado en su tarea. También hay un pequeño museo con bellos iconos y fotografías.


Desde aquí, volvemos por el mismo camino hasta el Nuevo Monasterio para reencontrarnos con Simón y dirigirnos hacia el Monasterio de Curchi, hacia el sur, a  unos 30 kilómetros de Trebujeni.  



Visitamos primero la Iglesia de San Nicolás, que en su cúpula  aparecen los doce apóstoles y en sus muros hay frescos de escenas bíblicas, como la de Jesús en el Lago Tiberiades predicando a los pescadores, la escena de San Juan bautizando a Jesús en el Río Jordán… etc.


La joya del complejo arquitectónico es la Catedral del Nacimiento de la Virgen, de estilo barroco italiano y se encuentra en el interior de un bosque con un lago donde hay niños disfrutando del baño.

 

Podemos apreciar en su interior una inmensa cúpula de 57 metros de altura, con el Pantocrátor y diversas escenas  de la biblia bellamente decoradas. La mayoría de fieles son mujeres que se encuentran rezando con el pañuelo anudado en la cabeza.

Salimos y damos un paseo por los jardines que dan a las estancias de los popes, donde antaño fueron utilizadas como hospital psiquiátrico. Después, en la época soviética, pasó a ser una discoteca…   


3 de junio de 2018

MOLDAVIA: TREBUJENI, BUTUCENI Y EL MONASTERIO DE ORHEI VECHI

Llegamos a Trebujeni con taxi compartido desde el aeropuerto de Chisinau. Son sólo las 8 de la mañana y nos alojaremos en Vila Roz. Se encuentra justo a la entrada del pueblo, aquí  pernoctaremos un par de noches. Es un bonito enclave, ubicado entre montañas. Posee un alegre jardín de rosas con asientos.

La señora Liuba, encargada de la pensión, nos enseña la habitación pero nos pide hablar antes con su hija en inglés por teléfono. Ésta nos dice que si la habitación es de nuestro agrado que ya nos podemos alojar. Así que quedamos contentos y Liuba nos prepara un desayuno riquísimo de creps con mermelada y agua de rosas, azúcar y café.


Salimos pues deseosos de ver las maravillas de la zona con fabulosos tesoros escondidos. Una vez llegamos al centro del pueblo vemos asomar las tres cúpulas doradas de la iglesia ortodoxa.


Paseamos por un camino con casas de piedra y puertas de hierro repujado de colores. Alrededor de la iglesia nos encontramos varias escenas de la vida cotidiana: gallinas que campan a sus anchas, una niña que cuida de su hermano, gente labrando la tierra…

Dentro de la iglesia se oye cantar a las mujeres que han asistido a la misa y van ataviadas con  pañuelos atados en la cabeza. Las flores y rosas también forman parte del paisaje de Trebujeni.Una mujer sale afuera y nos pregunta si necesitamos algo, le decimos que queremos ir a ver el Monasterio de Orhei Vechi  y nos indica que se encuentra en el pueblo de Butuceni, también con casas típicas a unos pocos kilómetros de aquí.



Así que emprendemos camino hacia Orhei Vechi. Es una de las zonas protegidas de la Unesco, declarada Patrimonio de la Humanidad en el 2017. El complejo arqueológico empieza en Trebujeni, es un museo de cuevas a cielo abierto pero que visitaremos al atardecer, a la vuelta.


Seguimos el sendero del valle, un manto verde donde apreciamos caballos y vacas pastando. Los cuatro kilómetros se pueden hacer también con un autobús de línea pero preferimos ir a nuestro aire porque el entorno merece la pena andarlo…

Llegamos al complejo por una rampa que nos lleva hasta Orhei Vechi, ubicado en un promontorio, junto a Butuceni.


Este monasterio data del siglo XIV pero se encuentra en  obras y en su interior los feligreses rezando así que apenas se puede fotografiar. Pero el paraje es precioso.


Bajamos por unas escaleras que nos lleva a Butuceni, el pueblo es precioso, con casas de color verde y azul y pórticos dignos de ver. Aquí podemos visitar alguna casa-museo con trajes típicos, utensilios de labranza... Al ser domingo, está muy concurrido y hay ambiente festivo. 




Antes de volver a Trebuceni, subimos al promontorio donde podemos apreciar una bella estampa con las cuevas y el rio. Aquí vivieron ermitaños del antiguo distrito de Orhei.  




Se encuentra encajado entre montañas, con grutas trogloditas colgadas en la roca que contienen  lugares sagrados. Es  un lugar único, con un encanto especial por su belleza natural y bañado por el Río Raut que transcurre surcando sus aguas a modo de culebra rodeando el valle… El Raut es afluente del Río Dniester.       



Cenamos en Vila Riz. Liuba nos prepara una sopa de patata y pollo, ensalada de tomate y pepino y tarta típica de queso que le llaman Placinte. Todo ¡riquísimo !.