6 de febrero de 2023

GALÁPAGOS: EN LA ISLA DE SANTA CRUZ

Recién llegados a las Galápagos, Patrimonio de la Humanidad, nos alojamos en la isla de Santa Cruz. Esta mañana, tras un desayuno frugal en el único establecimiento que se encontraba abierto a las 7am, nos dirigimos hacia Tortuga Bay.




Una vez allí, nos inscribimos en un libro de visitantes. Por lo que vimos, tan sólo habían entrado 12 personas. Nos dieron las indicaciones pertinentes porque la isla en sí es un parque nacional y entramos por un sendero marcado donde vimos lagartijas, árboles autóctonos como el manzanillo y varias especies de cactus.



Al final del camino llegamos a Playa Brava, espectacular con la arena blanca, pero con un fuerte oleaje, por lo que optamos por no bañarnos. Era una bonita estampa la que teníamos ante nuestros ojos, parecía que nos encontráramos en el fin del mundo con las iguanas mirándonos, siendo testigos de nuestra visita.

 

También vimos junto a las rocas volcánicas cangrejos rojos (los adultos) y otros más pequeños negros. Las tijeretas nos controlaban desde lo alto zigzagueando con su vuelo, en el mar se encontraba algún que otro pelícano, pájaros negros y otras aves.




En dirección a Playa Mansa, había grandes iguanas que correteaban de forma patosa al vernos llegar. Aquí también se encontraban los nidos de las tortugas gigantes que vienen a desovar junto a unos indicadores de “Stop” para no pasar.




A partir de las 5pm ya no era permitido el acceso a la playa para dejar a los animales tranquilos. Aquí también se encuentran iguanas, aves y algún pequeño tiburón martillo que merodea por la orilla.



Era nuestro primer baño del año en Playa Mansa, el sentirnos solos en un lugar tan paradisíaco y rodeados de fauna, hizo que nos sintiéramos afortunados. Después del baño nos cobijamos a la sombra de unos árboles para protegernos del sol ya que el calor comenzaba a acrecentar.



El momento de vuelta de la playa a la capital de la isla Puerto Ayora, se hizo agotador pero al llegar al Hotel Histórico, barato y céntrico, descansamos un poco y por la tarde nos fuimos hacia la Fundación Charles Darwin, a 1km tan sólo del alojamiento.



En la fundación, más de 200 científicos y voluntarios estudian a las tortugas gigantes de las islas Galápagos. Disponen de un programa de conservación y la visita de la casa de las tortugas bebé y la misma fundación es gratuita.



Luego nos fuimos hacia la Playa de la Ratonera y las iguanas se encontraban por el sendero de arena tomando el sol. La playa volcánica de arena blanca se encontraba casi vacía  y disfrutamos de la vista.





Más tarde habíamos contratado un taxi para ir a la reserva de tortugas, ubicada en un rancho privado a las afueras de la capital. Don Carmelo, el taxista que nos llevaba, era procedente de Baños y vivía en la isla desde hace más de 40 años. 




Nos explicaba que por el pueblo que acabábamos de pasar, había una anciana de 105 años,  casi de la misma edad que las tortúgas que íbamos a ver. Y que una vez al año se reunían para contar leyendas y otras historias del lugar. 





Una vez e el rancho, acompañados de un guía, nos explicaba que de las 16 especies de tortugas que existían en la isla, se había reducido a 11 y que las hembras hacían un trayecto de 15 km para guardar sus huevos de los que sólo se salvan un 30 por ciento. Su estómago es muy rudimentario y al defecar sale casi todo intacto. Algún ejemplar de las que vimos llegaba a los 160 años.




Las tortugas sólo quedan embarazadas una vez al año y poseen un sistema muy especial de retener el semen del macho para fecundarlo cuando acaben el sendero de los 15 km y así asegurarse en el desove que queden bien fecundados.




Al atardecer, paseamos por el muelle y en el puerto contemplamos la puesta de sol junto a los leones marinos que dormitaban tendidos a la “Bartola” en la plataforma de madera. Las tijeretas nos observaban desde lo alto. 

4 de febrero de 2023

ECUADOR : GUAYAQUIL Y EL BARRIO DE PEÑAS

 

Nos encontramos en el Manso Boutique Hotel, un lugar de alojamiento y reunión de viajeros, en pleno centro de Guayaquil.



Salimos hacia el mediodía para ver la ciudad. Nos encontramos nada más llegar al paseo marítimo una réplica de una antigua embarcación atracado en el inmenso río Guayas. Seguimos por el Malecón Simón Bolívar hacia “La Perla”, la noria más alta de Sudamérica.

  


Llegamos hasta el Barrio de las Peñas donde se encontraba la Calle Numa Pompilio Llona, en honor al poeta guayaquileño y paseamos por una calle adoquinada de edificios coloniales y casas coloridas recién restauradas.



Nos dirigimos hacia las escaleras de los 444 peldaños que nos llevaba hasta el Cerro de Santa Ana. Subiendo nos encontramos a la gente del barrio que salían fuera de sus casas para sentarse a conversar con los vecinos.




En cada esquina vendían agua y por el camino nos encontramos bares y restaurantes que comenzaban a abrir para atraer a la gente para sentarse a comer. Había bastante vigilancia policial porque por la noche decían que era peligroso, pero el ambiente del mediodía era tranquilo.



Cuando llegamos al escalón 444, en medio de una esplanada se situaba la Iglesia de Santa Ana, pintada de amarillo toda ella.  Al llegar al punto más alto del cerro, subimos al faro donde corría una agradable brisa.



Desde allí se veía una panorámica de 360 grados de la ciudad. El barrio de las Peñas se encontraba enfrente y conformaba una bonita estampa con sus casas de colores y hacia el otro lado el inmenso río Guayas y a continuación la ciudad de Guayaquil.



Ya volviendo, pasamos por el Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (Maac) que muestra los antiguos asentamientos de la zona costera de Ecuador.



Lo que más me llamó la atención fueron las pequeñas figuras de la cultura Valdivia, eran figuras en miniatura excepcionales de mujeres relacionadas con la fertilidad. Al otro lado se exhibían obras de arte moderno, cultura y de la Era Precolombina.  




Siguiendo el paseo del Malecón 2000 llegamos hasta la Torre Morisca o Torre del Reloj, uno de los símbolos de la ciudad que iluminan al caer la tarde. 



Más adelante vimos el Monumento de la Rotonda, construido para recordar la histórica entrevista entre Simón Bolívar y José de San Martín, acontecida entre el 26 y 27 de julio de 1822 en Guayaquil.



La obra fue realizada por el artista catalán José Antonio Homs. El hemiciclo, con columnatas, decorados y relieves, fueron encargados al escultor español Juan Rovira en 1927 y el escultor italiano Emilio Soro, realizó los jarrones del entorno quedando terminado en mayo de 1938 con la instalación de las esculturas.



Después de comer sin poder probar alcohol pues al día siguiente se celebraban elecciones de la alcaldía, nos fuimos hacia la Catedral Metropolitana justo al lado del Parque Bolívar. Vimos iguanas terrestres, pequeñas tortugas y carpas.




Al atardecer paseamos de nuevo por la costanera en sentido contrario traspasando un puente que nos llevaba a una zona más moderna para cenar. 



Al día siguiente volábamos temprano hacia las Islas Galápagos, aterrizando en la isla de Santa Cruz.


8 de noviembre de 2022

ZANZÍBAR : LOS COLOBOS ROJOS DEL PARQUE NACIONAL JOZANI

 

Hoy decidimos visitar el P.N.Jozani Forest para observar al mono colobo rojo, una especie endémica de la isla de Zanzíbar.



Este primate también es conocido como colobo de Kirk, debido a su descubridor, el explorador Sir John Kirk, (1832-1922) antiguo compañero del explorador David Livingstone. Fue además cónsul y residente en Zanzíbar.



Una de las características principales del colobo rojo es que tiene la espalda de color rojizo. Es una especie rara en África y en total constan 2907 colobos de este tipo que se encuentran precisamente en este bosque, la Reserva de Jozani.



Estos monos se aislaron del resto del país hace unos 15000 años. La diferencia, aparte del manto rojo en su espalda es la forma de llamada y la alimentación como hábitos. Tienen el pelo blanco en forma de corona y gris.




Puede vivir en la zona de Jozani y  en otras áreas más secas, además de manglares y zonas agrícolas. Aunque legalmente están protegidos, se encuentran en vías de extinción y la conservación de la Reserva de Jozani es primordial para la supervivencia.



Cuando llegamos al parque nos hicieron pagar 12000 chelines tanzanos cada uno y nos asignaron un guía para ir en un pequeño grupo de 8 personas.




Los colobos son muy sociables, pueden llegar a vivir en grupos de 30 a 50 monos. Comen hojas, flores, semillas, frutas… En el bosque abunda el árbol Black Plum, el Fig y el Mahogany rojo. También el almendro indio, cocotero y mango.



No pueden digerir directamente la fruta del árbol pues contienen mucho azúcar las muy maduras. Pudimos observar durante veinte minutos como se desenvolvían en su propio hábitat, saltando de rama en rama, comiendo y jugando mirándonos curiosos, además uno de ellos, al acercarse tanto pensé que iba a saltar sobre mi cabeza.




Nos llevaron a otro lado del parque a 2km y una vez allí caminamos a través de una pasarela en un ecosistema totalmente diferente, en zona de manglares.



Estos manglares sirven para controlar los tsunamis pues éstos paran la velocidad de las olas. En este agua salada se pueden ver todo tipo de raíces que luego van creciendo sin apenas hojas y son de color verde oscuro y negro.



Atravesamos un arroyo y al terminar la visita afuera había un grupo de músicos tocando e invitando a la gente que allí se encontraba a bailar. La mayoría de africanos que se congregaba allí junto a algún extranjero, bailaron al son de los tambores.   


1 de noviembre de 2022

ZANZÍBAR : LA MÚSICA TAARAB

 

Por la noche, después de cenar en el Mercury, deambulábamos por el Paseo Marítimo de Stone Town cuando unos chavales nos preguntaron si habíamos escuchado alguna vez la música Taarab.



Les contestamos que no la habíamos escuchado nunca en directo pero sí habíamos leído algo sobre ella. Nos quisieron acompañar al lugar donde hacían los conciertos pues algunas noches tocaban este tipo de música  y dejándonos llevar les seguimos.



El lugar se ubicaba en el antiguo edificio de las Aduanas, que se encontraba algo destartalado, pero era enorme y precioso. También servía como centro cultural con talleres y exposiciones.



Entramos despidiéndonos de nuestros acompañantes dándoles las gracias y subimos para ver primero la exposición que se dividía entre la primera y segunda planta. Los cuadros y fotografías de los artistas locales trataban sobre la vida cotidiana de Zanzíbar y se complementaban con bellos retratos.




Subimos a la azotea a través de unos escalones que nos hacían casi trepar por la altura que tenían, como cuando uno sube una pirámide. Fuimos de los primeros en llegar y mientras pagábamos la entrada, poco a poco iba viniendo gente, mayoritariamente turismo.  

  


Aunque la música taarab se toca en Tanzania (especialmente en Zanzíbar) y Kenia, las canciones y bailes de los Dhows Culture tienen influencia claramente del Sur de Omán, amenizadas por instrumentos como el laúd árabe, violines, tambores y el más típico de todos, el qanun.



La sala era amplia y con las ventanas abiertas, las cortinas azules se mecían dulcemente, se asemejaba a un jardín de los vientos. Habían decorado un poco la habitación para el evento.



Ya sentados, esperábamos la llegada de los músicos que empezaron a salir ocupando cada uno su sitio: cinco violinistas (entre ellos una mujer), el que dirigía el concierto con su laúd y el que tocaba el qanun, además de una cantante que interpretaba cantando y que con su mirada y gestos nos iba haciendo comprender el significado de sus canciones.




La cantante más famosa fue Siti biti Saad, nacida en Tanzania en 1880 y fue pionera del género. Famosamente llamada como la “madre del taarab”, cantaba en suajili, grabó unos 150 discos y más de la mitad de ellos los hizo en la India.




Los allí presentes disfrutamos con la música y la cantante en mitad del concierto, al verme tan entusiasmada me sacó a bailar. ¡Qué vergüenza! pero me cogió de la mano y yo seguía sus pasos intentando imitar los gestos que ella hacía. El concierto duró hora y diez minutos. Fue una velada de sentimientos y emociones a ritmo de una música envolvente y sensual.