28 de abril de 2011

ARMENIA: LOS MONASTERIOS DE DILIJAN



Estos días nos alojamos en Dili Villa Guesthouse, una casa particular de un pintor llamado Ghazard, que nos mostró su hospitalidad y nos enseñó sus innumerables cuadros repartidos por su casa espaciosa, edificada en distintos niveles y que se encuentra ubicada entre montañas, a tan solo unos cientos de metros de la plaza principal.




Con Ghazard hemos compartido noches de charla y probado diferentes licores y vodkas de la zona. Se sentía un poco nostálgico porque echaba de menos a su mujer que estaba de viaje.




También nos acompañó para mostrarnos el recién inaugurado Museo de Arte y Etnográfico, del que es director y nos invitó gustosamente a una visita guiada por la galería acompañándonos una bella rusa muy agradable que nos comentaba de forma breve y concisa cada cuadro que veíamos dándole cierto énfasis cuando mostraba cuadros de pintores rusos.





Los obras que vImos expuestas se recuperaron después de la Perestroika pues se requisaron en la segunda guerra mundial. Poder abrir este museo en Dilijan ha supuesto todo un reto para Ghazard que influyó en la gestión e incluso restauró algunos de los cuadros expuestos. Es este un pueblo de larga tradición artística.    




Pero Dilijan esconde ricos tesoros a su alrededor, como lo monasterios de Haghartsin y Goshavank, a tan solo media hora en coche y que a pesar de su mal estado de conservación le da un cierto encanto por encontrarse ubicados en medio del bosque.  





Hasta aquí llegamos con Garagin, un carismático taxista del pueblo que nos recogió recién llegados y que en días posteriores nos acompañó con su Lada para hacer las excursiones de alrededores. Curioso era ver el sistema de carga de gasolina, que tardaba más de 15 minutos en llenarse y teníamos que esperar apartados del coche al ser un método de lo más arcaico.






Sin ser creyente, quise comprar dos velitas para desear larga salud para nuestras familias pues quería hacerlo en el primer monasterio que visité en  Armenia. Y es que Armenia te envuelve con su halo místico, porque es aquí donde se encuentran los monasterios más antiguos de la historia cristiana de Europa. Aquí también vimos los primeros katchkars, las cruces de piedra sagradas.





Al día siguiente visitamos dos monasterios, el de Haghpat y Sanahin, pertenecientes al siglo X y declarados los dos Patrimonios de la Humanidad. Se encuentran ubicados en la  cima del Gran Cañón de Debeh. 





Para llegar hasta aquí rodeamos pueblos de montañas con lindos valles. En alguno de ellos viven comunidades rusas como en Lermontov. El cañón Debeh es magnífico y el paisaje es profundamente frondoso.





El primer monasterio, el de Sanahin, data del año 928. En el suelo de piedra se encuentran tumbas como si fueran alfombras y perfiles humanos esculpidos en ellas. 




Aquí se creó una librería y una escuela de medicina que tuvo todo su esplendor en el siglo XII. Sanahin significa  “más antiguo que este” refiriéndose a su vecino  al otro lado del cañón, el de Haghpat. Al final del complejo se encuentra un pequeño cementerio.




Subimos hacia el monasterio de Haghpat  que se encuentra más adentrado en la montaña. El refectorio, la torre y la biblioteca son dignos de admirar. En los pequeños agujeros que vimos en el suelo se resguardaban los libros de la humedad. 




Nos sentimos atraídos por el canto del pope que se encontraba en el interior dando misa. El incienso arrojado suavemente por los monaguillos nos impregnó y sentimos el lugar como místico. 




Muchos domingos, según la tradición pagana, se ven palomas, pollos, incluso corderos sacrificados en las puertas de las iglesias y monasterios. 

27 de abril de 2011

GEORGIA : EL MONASTERIO DE DAVID GAREJI



Después de un desayuno opíparo en Nana’s Guesthouse a base de croquetas, arroz, verdura, huevos duros de color rojo, crema de queso, pan, mermelada y frutas confitadas, salimos de Sinaghi para visitar el Monasterio de David Gareji, uno de los lugares con más historia en Georgia.




Nos despedimos de Nana dándole las gracias por su cálida acogida y nos deja en manos del amigo que nos hará de conductor hasta el monasterio. Al alejarnos con el Lada la vemos cómo nos dice adiós y seguidamente se santigua para que tengamos un buen viaje. 




Tardamos unas dos horas en llegar por caminos de carreteras secundarias con bellos paisajes. Nuestro conductor, parco en palabras, cumple su única función, la de conducir y dejarnos  en el destino despidiéndose con un seco “Bye”.




El complejo fue fundado en el siglo VI por David Gareji, uno de los trece monjes asirios que llegaron al país. 





En su momento de esplendor, albergó más de 10.000 monjes entre los quince monasterios que entonces existían pero la mayoría de ellos fueron devastados por las guerras y los incendios. Lugar de peregrinaje, en David Gareji sólo permanece en pie el Monasterio de Lavra.





Tiene la peculiaridad de encontrarse en distintas cuevas, es decir, a tres niveles diferentes de las rocas. Es uno de los monasterios con más antigüedad en Georgia. 





Se encuentra rodeado de suaves colinas en un paisaje desértico y verde donde reina la paz y el silencio solamente interrumpido por los rebaños de corderos, vacas y caballos que se encuentran pastando.






Se pueden ver frescos eclesiásticos en sus muros pero no está permitido entrar a verlos. Aún se encuentran unos cuantos monjes viviendo en sus celdas ubicadas en la roca pero es imposible el acceso a sus aposentos.





Desde lejos vemos como nos observan a los que merodeamos por el entorno.





Más arriba en la montaña subiendo unos veinte minutos se encuentra el de Udabno aunque sólo podemos apreciar alguna que otra cueva pero con fantásticas panorámicas…




26 de abril de 2011

GEORGIA : LA MURALLA DE SINAGHI


De buena mañana salimos hacia Balakan con un taxi que nos llevó hasta la frontera del control de pasaportes para enseñarnos la salida de Azerbaiyán. Cruzamos andando con nuestras mochilas de una frontera a la otra y los militares al vernos llegar se reían, nos miraron los pasaportes y nos hicieron pasar los primeros.



En el control de Georgia nos dieron la bienvenida al país. Desde el principio se notaba el carácter más distendido de los georgianos, en definitiva eran más risueños y cachondos que sus vecinos azeríes.



La vista desde la carretera era increíble, fuimos subiendo por las curvas donde se apreciaba la planicie del valle. 





Una vez en tierra georgiana, contratamos un taxista para que nos llevara a Sinaghi, un pueblo pequeño vinícola de la región de Kakheti, que posee una muralla de 4 km (lo que queda de ella y varios torreones).




El taxista nos dejó en el Nana’s Guesthouse, situada en el centro del pueblo donde nos acogió la hija ni Nania. Nos alojó en una habitación sencilla pero cómoda, con balcón.




La casa era preciosa, de madera porticada con balcones estilo New Orleans. En el pueblo de calles empedradas se respiraba un ambiente tranquilo y vimos varias casas del mismo estilo con balcones porticados de madera que le daba un toque de elegancia al pueblo.




Contentos de llegar a Georgia, nos fuimos a dar una vuelta y bajando nos encontramos una parte de la muralla y la puerta de entrada. Más abajo se encontraba la iglesia de San Jorge.




Seguimos bajando y nos topamos con un restaurante mirador desde donde se podía apreciar todo el valle desde dentro de una de las más de 200 torres que había antaño.




Nos quedamos para saborear la llegada brindando con un buen vino georgiano tinto del Valle de Alazani de la región de Kaketi e hicimos una degustación de quesos y Catchapuri que es una especie de torta alargada rellena de queso. Brindamos como georgianos, una y otra vez por nosotros, por los viajes, por la salud, por el amor, por todo.




Después para bajar la comida hicimos un nuevo tramo por las murallas. Lo bueno del día fue lo relajados que nos encontramos después de pasar tanto estrés en los últimos meses en Barcelona.



Volviendo al hotel conocimos a la dueña de la casa, Nana. Preguntamos los precios sobre la excursión que queríamos hacer al día siguiente a David Gareji para que nos dejaran luego en un pueblo a medio camino y enlazar con Tiblisi.




Nana nos dijo que lo haríamos sin problema y que nos salía bien barato pues podríamos compartir el coche con dos personas más que también querían ir hacia la capital. Todo por 30 laris (unos 9 eu por persona). Así que sin dudarlo nos apuntamos para ir con los compañeros de viaje.

25 de abril de 2011

AZERBAIYÁN : EL PALACIO DE LOS KANES DE SHAKI

 

Desde Lahiç salimos a las 8:30 h camino de ismaililly. Aquí nos esperaba un taxista para llevarnos a Shaki. Fuimos atravesando bonitos paisajes de montaña.



En el pueblo histórico de Shaki nos alojamos en un caravasar, un edificio de alojamiento para comerciantes en la Ruta de la Seda que lo habían reconvertido en hotel.




Cuando llegamos al caravasar dejamos nuestras mochilas en la habitación que por €40 pudimos disfrutar pero al ser musulmanes no había habitaciones con cama matrimonial. Un empleado nos quiso enseñar las estancias del caravasar.




Dentro de la habitación hacía demasiada calor así que nos fuimos enseguida hacia el centro que se encontraba a 1 km y medio de aquí. Bajamos la calle principal pero no vimos nada particular que nos llamara la atención. 




Como aún no habíamos desayunado nos fuimos a una casa de té y bombones, mermelada y frutos garrapiñados para degustar. Francisco se pidió también un narguile con sabor a limón.



Ya desayunados nos acercamos a la plaza principal y en una panadería compramos pastelillos para el desayuno del día siguiente. El típico es el halva que está buenísimo.




Nos fuimos al mercado donde aún permanecían los tenderetes abiertos. Vendían gorros, samovares, baúles, utensilios diversos de metal, etcétera.



Subimos poco a poco hacia el caravasar dejando lo que habíamos comprado en la habitación y desde allí nos aproximamos al palacio de los Kanes de Shaki.



Es el monumento más destacado y valioso del siglo XVIII en Azerbaiyán y fue construído entre 1752 y 1762 como residencia de verano de Hussein Khan Mushtad, nieto del gran Gadzhi Chelebi.






El Palacio se encontraba situado en medio de una fortaleza amurallada. Había un bonito jardín enfrente con cipreses de cientos de años y bellas flores.




 

La fachada principal estaba decorada con estalagcitas en plateado con ventanales de cristal. En el interior no nos permitieron hacer fotos. 



Su exterior estaba decorado bellamente con flores y a pesar de ser un palacio pequeño con cuatro habitaciones principales, poseía unas vidrieras multicolores.



El señor que nos abrió las puertas nos vigilaba constantemente para que no hiciéramos fotos así que no hubo forma de llevarme un recuerdo de su interior. Los aposentos se encontraban dibujados enmedio de sus murales con cenefas de batallas y escenas de caza.



Cuando salimos del recinto vimos a un buen hombre que llevaba algo en una especie de funda, sentado cerca de donde pasamos y Francisco me comentó que este era el señor que salió fotografiado en el libro de Marc Morte “El Cáucaso, entre leyendas y Kalasnikov”.  Enseguida lo reconocí pues estaba en la misma posición y de repente sacó de la funda un lobo disecado. Ante tal sorpresa le dimos una propina para la fotografía.