26 de abril de 2011

GEORGIA : LA MURALLA DE SINAGHI


De buena mañana salimos hacia Balakan con un taxi que nos llevó hasta la frontera del control de pasaportes para enseñarnos la salida de Azerbaiyán. Cruzamos andando con nuestras mochilas de una frontera a la otra y los militares al vernos llegar se reían, nos miraron los pasaportes y nos hicieron pasar los primeros.



En el control de Georgia nos dieron la bienvenida al país. Desde el principio se notaba el carácter más distendido de los georgianos, en definitiva eran más risueños y cachondos que sus vecinos azeríes.



La vista desde la carretera era increíble, fuimos subiendo por las curvas donde se apreciaba la planicie del valle. 





Una vez en tierra georgiana, contratamos un taxista para que nos llevara a Sinaghi, un pueblo pequeño vinícola de la región de Kakheti, que posee una muralla de 4 km (lo que queda de ella y varios torreones).




El taxista nos dejó en el Nana’s Guesthouse, situada en el centro del pueblo donde nos acogió la hija ni Nania. Nos alojó en una habitación sencilla pero cómoda, con balcón.




La casa era preciosa, de madera porticada con balcones estilo New Orleans. En el pueblo de calles empedradas se respiraba un ambiente tranquilo y vimos varias casas del mismo estilo con balcones porticados de madera que le daba un toque de elegancia al pueblo.




Contentos de llegar a Georgia, nos fuimos a dar una vuelta y bajando nos encontramos una parte de la muralla y la puerta de entrada. Más abajo se encontraba la iglesia de San Jorge.




Seguimos bajando y nos topamos con un restaurante mirador desde donde se podía apreciar todo el valle desde dentro de una de las más de 200 torres que había antaño.




Nos quedamos para saborear la llegada brindando con un buen vino georgiano tinto del Valle de Alazani de la región de Kaketi e hicimos una degustación de quesos y Catchapuri que es una especie de torta alargada rellena de queso. Brindamos como georgianos, una y otra vez por nosotros, por los viajes, por la salud, por el amor, por todo.




Después para bajar la comida hicimos un nuevo tramo por las murallas. Lo bueno del día fue lo relajados que nos encontramos después de pasar tanto estrés en los últimos meses en Barcelona.



Volviendo al hotel conocimos a la dueña de la casa, Nana. Preguntamos los precios sobre la excursión que queríamos hacer al día siguiente a David Gareji para que nos dejaran luego en un pueblo a medio camino y enlazar con Tiblisi.




Nana nos dijo que lo haríamos sin problema y que nos salía bien barato pues podríamos compartir el coche con dos personas más que también querían ir hacia la capital. Todo por 30 laris (unos 9 eu por persona). Así que sin dudarlo nos apuntamos para ir con los compañeros de viaje.

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