Desde Miskheta buscamos un taxi privado pues no había matruskas que nos llevaran a Gori. Éste fue el lugar de nacimiento en 1878 del líder soviético Iósiff Stalin.
El taxista nos pidió 80 laris por ida y vuelta incluída la espera, así que fuimos con él por carreteras secundarias, el camino era más bonito a pesar de los baches y demás. Íbamos parando para preguntar si el camino a Gori era el correcto. Pasamos por un campo de refugiados de Osetia del sur. Vimos algún que otro militar con los que hablamos, habían luchado en la guerra y a más de uno le faltaba un brazo o una pierna. Es dura la vida para ellos pues como refugiados viven en duras condiciones.
Una vez llegamos a Gori vimos el edificio del ayuntamiento de estilo pro-soviético y volvimos a preguntar por enésima vez dónde se encontraba la casa Museo de Stalin. Era el lugar donde pasó los primeros cuatro años de su vida. Esta casa se encontraba en el parque justo enfrente del museo.
Curiosamente quedaba protegida por unos pilares como si fuera un templo griego. La pequeña casa de ladrillo, más bien lo que queda de ella, se podían ver dos pequeñas habitaciones que posteriormente fueron alquilada.
Pero Stalin siempre renegó de ser georgiano y sus medidas de política eran destructoras. Un auténtico dictador del Comunismo.
En realidad se aprovechaba de las masas y lo que le caracterizaba era su forma tan radical de realizar las famosas purgas a todo ser viviente que pensaba de forma contraria a el.
Se dice que asesinó a veinte millones de personas. De hecho el barrio de lujo de Tiblisi se construyó sobre las tumbas de las famosas purgas de los años 30.
Lamentablemente forma parte de nuestra historia y era una curiosidad visitar la ciudad de Gori y comprobar datos e información de la época. El museo lo construyeron en los años 60, una vez ya fallecido el dictador.
Entramos en un gran edificio de estilo soviético desmesurado. La entrada te permite visitar aparte del museo, la casa y el tren que hicieron construir especialmente para él.
Una vez visitado el museo, un joven georgiano nos acompañó para enseñarnos el vagón que utilizó Stalin, uno de los mayores asesinos de la historia.
Lo utilizó para asistir a la conferencia de Yalta, en la Península de Crimea (actualmente Ucrania).
Stalin fue el responsable de los gulags, los campos de concentración en la Siberia que nuestro amigo Jorge Sánchez relata de forma explícita en su libro “La ruta de los huesos” y que junto a una amiga le ayudamos a corregir.
Era un tren construído en madera que disponía de cocina, un despacho, literas para el personal y una habitación con baño privado para el dictador, sistema de aire acondicionado de la época, sala de reuniones y cristales blindados.
Todo un derroche de lujo para un caprichoso dictador y para un pueblo que pasaba necesidades.
Para finalizar la visita, una guía nos enseñó las dos habitaciones que formaron parte de la casa.
Nos volvimos hacia Tiblisi y por la noche fuimos a cenar por el casco antiguo y a tomar algo a uno de los bares con música. Disfrutamos del buen ambiente que había viendo a la gente cómo se divertía. Hay que reconocer que esta capital nos hizo sentir a gusto y nos encontramos como en casa.
















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