Tras un buen desayuno cocinado por el dueño de la guest house de Bansko, a base de huevos fritos y tocino ahumado del tamaño de un bistec y dos cafés, nos dirigimos hacia la estación de ferrocarril para comprar los billetes de tren de vía estrecha que nos llevará hasta Setemvri y enlazaremos con otro de vía normal para llegar a nuestro destino final: Plovdiv.
Es un viaje de unas cinco horas y son cuatro trenes diarios los que realizan este bonito trayecto a través de montañas.
El pequeño tren deja atrás las montañas del Parque Nacional de Pirin, Patrimonio de la Humanidad desde 1987, para adentrarnos en valles, montañas, pinares y ríos, atravesando los Ródope, enclavados en el valle del Río Mesta. Los Montes Ródope contienen extraordinarias formaciones rocosas.
Por el camino hay pequeños pueblos y en Yakoruda, la ciudad maderera por excelencia, divisamos la iglesia y el minarete de la mezquita que se asomaba sobre los tejados de las casas.
Mientras, el tren avanzaba entre los montones de troncos apilados en los aserraderos.
Nosotros no vimos turistas en el tren, sólo la gente local. Pasamos por lindos paisajes, incluso hasta vimos dos lobos o perros lobos subiendo un montículo.
La parte final del trayecto ha sido espectacular entrando por un desfiladero y cruzando varios túneles junto al río. Es un viaje digno de hacer pues ha merecido la pena coger el tren de vía estrecha.
El tren ha ido parando en pequeñas poblaciones como Razlog, Drovriniste, Avranovo que es la estación de tren más alta de los Balcanes y Setemvri, la ùltima estación de vía estrecha.
Enlazamos con el otro tren que procedía de Sofía para ir a Plovdiv. Llegamos finalmente a nuestro destino a las 16:00hr. de la tarde contentos de haber hecho este bonito y entretenido trayecto hasta la antigua ciudad de Plovdiv.













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