El tren que nos llevaba a Kazanlak nos invitó a conversar con los pasajeros. Dos mujeres iban con nosotros. Una de ellas, ataviada con alegres colores y pañuelo en la cabeza era de etnia gitana.
Nos hablaba en búlgaro y nos preguntaba de dónde éramos. Nos decía que debíamos aprender el idioma para poder hablar con la gente. Nosotros conocíamos bien el alfabeto cirílico de otros viajes, pero hablar el búlgaro era otro cantar.
Y tenía toda la razón pero le contesté que sólo sabíamos cinco palabras y que el búlgaro era difícil para aprender en tres semanas. La mujer se bajó con nosotros y nos dijo que se iba al pazaar (mercado).
Kazanlak es importante por su Festival de la Rosa que este año se celebrará del 8 al 10 de junio cuando se hace la recolecta de los pétalos de rosa para obtener el aceite esencial.
La rosa fue introducida en Bulgaria por los turcos en el siglo XIX. Florecen a finales de mayo hasta julio y se recolectan antes del amanecer para preservar su aceite. En la fiesta de la Rosa hacen música y baile.
Nos alojamos en el Complex Vesta en el centro en una calle tranquila, detrás del museo Iskra. Aunque el motivo real para venir a Kazanlak ha sido para ver la tumba tracia que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.
Primero visitamos el Museo de Historia de Iskra, donde allí nos abrieron las luces de las diferentes salas y pudimos ver una amplia muestra de las tumbas que se han ido encontrando a 18 km de Kazanlak.
Pudemos ver en el museo el hallazgo más importante: la máscara mortuoria de Shipka y que perteneció a un gobernante tracio del siglo IV A.C.
También habían salas con vasijas, máscaras, brazaletes, copas, platos (algunos de ellos guardados en el Museo arqueológico de Sofía).
Después del museo visitamos primero la réplica de la tumba tracia y de sus frescos que se encuentra en el Parque Tyulbe, al norte de la ciudad. Aquí sí que nos permiten hacer fotos.
Pedimos después que nos abrieran la tumba original que data del siglo IV A.C. Abrieron dos verjas con enormes candados y a continuación la puerta principal.
La señorita nos dice que esperemos un momento para quitar la alarma y a continuación nos permite entrar por un pasadizo que nos lleva a la tumba original. Entramos con una emoción contenida pues al ver la tumba de hace más de 2400 años es como entrar en un lugar sagrado.
Poder presenciar la cúpula con frescos ricamente decorados y muy bien conservados es todo un privilegio. Representa la fiesta funeraria con el difunto acompañado por una de sus esposas, músicos tocando la trompeta (la música estaba unida a la muerte y resurrección) y caballos con guerreros.
Los tracios eran famosos por su fuerza como agilidad y los antiguos griegos consideraban Tracia como el lugar hostil donde habitaba Ares, el Dios de la guerra. Los romanos tenían un tipo de gladiador que sólo iba armado cuando luchaba con un cuchillo-espada de forma curva y un escudo circular.
Nos fuimos con un autobús de la línea 6 que nos dejaba en 25 minutos a Shipka, un pequeño pueblo de montaña, a 12km de Kazanlak.
El pueblo de Shipka, famoso por el esquí y situado a 650 mts s.n.m. en el valle del Parque Nacional de los Balcanes Centrales, es conocido también como el Valle de los Reyes Tracios. En Shipka todavía no hay una infraestructura turística pues siguen haciendo excavaciones en la zona.
El museo etnográfico se encontraba cerrado (era nuestra única conexión para intentar visitar las tumbas restantes).
Nos conformamos con subir al monasterio de la Iglesia de San Nicolás con sus cinco cúpulas doradas, de estilo ruso que a medida que uno se iba acercando, refulgían en la distancia.
Esta iglesia se encuentra rodeada de frondosos bosques, y fue construida en 1902 como recuerdo a los soldados rusos y búlgaros que murieron en la Guerra de Liberación.
En la cima de la montaña a 1326 mts. se alza el Monumento a la Libertad. Es una construcción en piedra que contiene en su interior un pequeño museo con una colección de armas e ilustraciones de la batalla pero como no había ganas de ver armas, nos volvimos hacia Kazanlak.
Por la noche, después de un pequeño descanso nos fuimos a cenar al Pasta & Pizza Grill, el bar restaurante más animado de la ciudad y tomamos una copa en el Hollywood Bar que se encontraba a rebosar con música tecno.





















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