Emprendimos ruta hacia el norte y llegamos a la ciudad
antigua de Kerma, donde se extendía una
gran explanada con una plaza, el templo y la ciudadela.
En la entrada vimos a
unas turistas de Omdurmán que vinieron a visitar las ruinas y querían
hacerse una foto con nosotras por lo que accedimos también a tener una foto de
recuerdo.
Kerma es anterior a las dinastías de los egipcios, por lo que
algunos expertos la consideran una de las ciudades más antiguas de África pues
data del 3800 AC. Llegaron a dominar más de 1000 km en toda Nubia y es una
civilización muy poco conocida.
El museo nuevo se ubicaba en el exterior de la ciudadela. Había un audiovisual de Charles Bonett, un arqueólogo francés que descubrió esta ciudad en 1965.
En el
recinto se mostraban objetos recogidos de las excavaciones como cerámicas de
varias épocas en vitrinas y en otra de las salas que nos llamó la atención fue
un conjunto de faraones egipcios esculpidos
en granito.
También vimos una recreación de las tumbas de los faraones y sus sirvientes, pues se llegaron a localizar más de 1000 cadáveres. Justamente hay una necrópolis cercana al palacio. Es increíble la cantidad que queda todavía por descubrir, Sudán es el paraíso de los arqueólogos.
Seguidamente fuimos a Tombus, una cantera que para llegar el último tramo es camino de pista. Aquí pudimos apreciar pedruscos con inscripciones egipcias y geoglifos en las laderas de la montaña.
Paramos a comer en uno de los chiringuitos cercanos para tomar un estofado, ensalada, pescado y sandía. Unos chicos sentados en un recinto elevado en el suelo comiendo con los zapatos fuera nos saludaron al vernos entrar.
Un poco más allá de la cantera nos volvimos a reencontrar con las aguas del Nilo, con rápidos en su nacimiento. Aprovechamos para tomamos un té.
El maravilloso paisaje de palmeras, el verde que rodeaba el Nilo, el azul del cielo y permanecer junto al río era un buen lugar para quedarse un rato y disfrutarlo.
Ya acercándonos a nuestro destino, veíamos casas de adobe
decoradas con alegres colores y adornos en las verjas. Nos llamaron la atención
las tinajas públicas que se encontraban en cualquier calle con agua fresca para
que bebiera todo el mundo. Los hombres tiraban de los carros con burros y la
gente al pasar con el 4x4 nos saludaba.
El Diffufa Tourist Hotel era nuestro alojamiento en Kerma. Diffufa significa “casa de adobe” y ésta era una de ellas.
Salieron a recibirnos de forma
muy hospitalaria. Tal cual entramos nos topamos con una plaza circular y diez
habitaciones con todas las comodidades mantas, toallas y baño.
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