Desde Porto-Vecchio cogimos un autobús que en tres horas y media nos dejó en Ajaccio. Durante el trayecto pudimos observar las verdes praderas y lo bella y accidentada que era la isla.
Pasamos por impresionantes picos como las Aiguilles de Bavella formadas por granito rosado y por pequeños pueblos.
Me dijo que esta combinación de mar y montaña le gustaba. Viajaba con su madre que iba sentada un poco más adelante y nos despedimos deseándonos una feliz estancia.
Una vez en la capital, llegamos el alojamiento que se encontraba en pleno centro histórico situado a 5 minutos de la estación.
Paseamos por el fuerte donde se apreciaba parte de su muralla y un alicantino fotógrafo que conocimos se ofreció a fotografiarnos.
Ya caía la tarde y antes de cenar visitamos la Cathédrale de Notre-Dame-de-l’Assomption, situada en una plaza, en el casco antiguo. Este edificio religioso con arquitectura de cruz latina se asomaba al mar. Nos impresionó el sorprendente contraste entre la sobria fachada ocre y su interior barroco ricamente decorado.
Después fuimos a un restaurante típico de gastronomía corsa y nos sentamos en su terraza.
El menú consistía en embutidos corsos, un plato principal de ternera guisada con aceitunas y polenta y de postre pastel de castaña. Todo muy rico y lo disfrutamos con un huen vino.
Al día siguiente visitamos el Mercatu d’Ajacciu, donde predominaba la fruta fresca, pescados y mariscos de muy buena calidad. También había puestos de aceitunas, quesos y embutidos locales.
Seguidamente visitamos la Casa-Museo de los Bonaparte, lugar donde el futuro Emperador pasó allí parte de su infancia. La casa en la que nació se ha convertido en un museo donde recorrimos diversas estancias en las que creció.
Saliendo del museo fuimos paseando por el Quartier de l'Avenue Marechal Juin y subimos hacia la Place d’Austerlichtz, donde ubica el monumento dedicado a Napoleón.
Impresionaba su estatua y lo rodea un pequeño jardín. Subimos por las escalinatas y tras visitarlo bajamos por la avenida hasta llegar al Palacio Fesch.
El ala norte albergaba la biblioteca municipal de Ajaccio, nos transportó a un lejano pasado pudiendo admirar los libros antiguos que se guardaban en sus vitrinas.

























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