28 de abril de 2011

GEORGIA : TBILISI, LA PERLA DEL CÁUCASO


Cuando visitamos la ciudad de Tiflis (Tbilisi) ésta se encontraba en medio de una transformación radical, marcada por un contraste fascinante entre la decadencia soviética y una modernidad arquitectónica audaz.



La ciudad era un hervidero de construcción bajo el gobierno de Mijeíl Saakashvili. Recién llegados, nos sorprendió la arquitectura futurista del Puente de la Paz, inaugurado apenas un año antes, simbolizaba la apertura de Georgia hacia Occidente y el futuro.



Caminando junto al río Kura, vimos el Palacio Presidencial con su distintiva cúpula de cristal, se consolidó como el símbolo del nuevo poder.



Nos alojamos en el Charm Hotel, ubicado en el casco antiguo. Era una bella casa georgiana con mobiliario clásico. Parecían piezas de museo. 



La amable anfitriona nos ofreció una habitación que se encontraba en las golfas, muy amplia y cálida, con suelos y techos de madera.



Salimos para dar un paseo y vimos infinidad de cafés y restaurantes de cierto aire bohemio. Paramos en un horno de pan donde la gente tomaba una especie de bollo en el vagón de un funicular que había afuera. Celebramos nuestra llegada a la ciudad con una buena cerveza.



Había un gran contraste con la nueva y antigua  arquitectura. Realmente en el centro histórico, en el distrito de Abanotubani, las casas con balcones de madera tallada se encontraban en un estado decrépito pendientes de restauración.



Caminar por la Avenida Rustaveli era experimentar una mezcla de orgullo nacional y efervescencia cultural. 




Aquí también se encontraba el Museo Nacional y el Teatro de la Ópera. Otros edificios eran academias y galerías de arte.




La ciudad dejaba atrás las dificultades de la posguerra para posicionarse como la “perla del Cáucaso”, un lugar donde las iglesias ortodoxas milenarias convivían con estructuras de acero y cristal. La Catedral de Zion se encontraba en pleno centro histórico.



Fuimos a ver la iglesia armenia de San Jorge. Justo más arriba se encontraba la Fortaleza de Narikala y en su lado opuesto la estatua ecuestre del Rey Vakhtang Gorgasali que fundó la ciudad justo al lado la Iglesia Metekhi.




 

Vimos la Plaza del Reloj con su original torre donde se alzaba un reloj y un pequeño antiguo teatro de títeres que marcaban las horas. Parecia que la torre en cualquier momento se fuera a desmoronar, como muchas de las casas de la ciudad.





Cruzamos el puente viejo para ver el nuevo Puente de la Paz y nos recordó a los diseños del arquitecto Calatrava. Más allá del puente se encontraba un antiguo bazar con tiendas especializadas en joyería…



Por la tarde volvimos a Abanotubani y quisimos darnos un baño en las aguas sulfurosas de los antiguos baños junto al Río Mktvari. La historia cuenta que el Rey Vakhtang Gorgasali en el siglo V descubrió estas aguas.




Alquilamos una sala para nosotros donde había una sala de duchas, piscina termal y sala de descanso, todo por 40 laris, unos 18euros. 



La experiencia fue de lo más reconfortante.




Por la noche salimos a cenar a un típico restaurante. Probamos gastronomía local: los los khinkali (típicos raviolis gigantes rellenos de carne) y shashish, acompañado por un buen vino georgiano.



Los protagonistas de la noche fueron un grupo de músicos y bailarines que amenizaron la velada.


ARMENIA: LOS MONASTERIOS DE DILIJAN



Estos días nos alojamos en Dili Villa Guesthouse, una casa particular de un pintor llamado Ghazard, que nos mostró su hospitalidad y nos enseñó sus innumerables cuadros repartidos por su casa espaciosa, edificada en distintos niveles y que se encuentra ubicada entre montañas, a tan solo unos cientos de metros de la plaza principal.




Con Ghazard hemos compartido noches de charla y probado diferentes licores y vodkas de la zona. Se sentía un poco nostálgico porque echaba de menos a su mujer que estaba de viaje.




También nos acompañó para mostrarnos el recién inaugurado Museo de Arte y Etnográfico, del que es director y nos invitó gustosamente a una visita guiada por la galería acompañándonos una bella rusa muy agradable que nos comentaba de forma breve y concisa cada cuadro que veíamos dándole cierto énfasis cuando mostraba cuadros de pintores rusos.





Los obras que vImos expuestas se recuperaron después de la Perestroika pues se requisaron en la segunda guerra mundial. Poder abrir este museo en Dilijan ha supuesto todo un reto para Ghazard que influyó en la gestión e incluso restauró algunos de los cuadros expuestos. Es este un pueblo de larga tradición artística.    




Pero Dilijan esconde ricos tesoros a su alrededor, como lo monasterios de Haghartsin y Goshavank, a tan solo media hora en coche y que a pesar de su mal estado de conservación le da un cierto encanto por encontrarse ubicados en medio del bosque.  





Hasta aquí llegamos con Garagin, un carismático taxista del pueblo que nos recogió recién llegados y que en días posteriores nos acompañó con su Lada para hacer las excursiones de alrededores. Curioso era ver el sistema de carga de gasolina, que tardaba más de 15 minutos en llenarse y teníamos que esperar apartados del coche al ser un método de lo más arcaico.






Sin ser creyente, quise comprar dos velitas para desear larga salud para nuestras familias pues quería hacerlo en el primer monasterio que visité en  Armenia. Y es que Armenia te envuelve con su halo místico, porque es aquí donde se encuentran los monasterios más antiguos de la historia cristiana de Europa. Aquí también vimos los primeros katchkars, las cruces de piedra sagradas.





Al día siguiente visitamos dos monasterios, el de Haghpat y Sanahin, pertenecientes al siglo X y declarados los dos Patrimonios de la Humanidad. Se encuentran ubicados en la  cima del Gran Cañón de Debeh. 





Para llegar hasta aquí rodeamos pueblos de montañas con lindos valles. En alguno de ellos viven comunidades rusas como en Lermontov. El cañón Debeh es magnífico y el paisaje es profundamente frondoso.





El primer monasterio, el de Sanahin, data del año 928. En el suelo de piedra se encuentran tumbas como si fueran alfombras y perfiles humanos esculpidos en ellas. 




Aquí se creó una librería y una escuela de medicina que tuvo todo su esplendor en el siglo XII. Sanahin significa  “más antiguo que este” refiriéndose a su vecino  al otro lado del cañón, el de Haghpat. Al final del complejo se encuentra un pequeño cementerio.




Subimos hacia el monasterio de Haghpat  que se encuentra más adentrado en la montaña. El refectorio, la torre y la biblioteca son dignos de admirar. En los pequeños agujeros que vimos en el suelo se resguardaban los libros de la humedad. 




Nos sentimos atraídos por el canto del pope que se encontraba en el interior dando misa. El incienso arrojado suavemente por los monaguillos nos impregnó y sentimos el lugar como místico. 




Muchos domingos, según la tradición pagana, se ven palomas, pollos, incluso corderos sacrificados en las puertas de las iglesias y monasterios. 

27 de abril de 2011

GEORGIA : EL MONASTERIO DE DAVID GAREJI



Después de un desayuno opíparo en Nana’s Guesthouse a base de croquetas, arroz, verdura, huevos duros de color rojo, crema de queso, pan, mermelada y frutas confitadas, salimos de Sinaghi para visitar el Monasterio de David Gareji, uno de los lugares con más historia en Georgia.




Nos despedimos de Nana dándole las gracias por su cálida acogida y nos deja en manos del amigo que nos hará de conductor hasta el monasterio. Al alejarnos con el Lada la vemos cómo nos dice adiós y seguidamente se santigua para que tengamos un buen viaje. 




Tardamos unas dos horas en llegar por caminos de carreteras secundarias con bellos paisajes. Nuestro conductor, parco en palabras, cumple su única función, la de conducir y dejarnos  en el destino despidiéndose con un seco “Bye”.




El complejo fue fundado en el siglo VI por David Gareji, uno de los trece monjes asirios que llegaron al país. 





En su momento de esplendor, albergó más de 10.000 monjes entre los quince monasterios que entonces existían pero la mayoría de ellos fueron devastados por las guerras y los incendios. Lugar de peregrinaje, en David Gareji sólo permanece en pie el Monasterio de Lavra.





Tiene la peculiaridad de encontrarse en distintas cuevas, es decir, a tres niveles diferentes de las rocas. Es uno de los monasterios con más antigüedad en Georgia. 





Se encuentra rodeado de suaves colinas en un paisaje desértico y verde donde reina la paz y el silencio solamente interrumpido por los rebaños de corderos, vacas y caballos que se encuentran pastando.






Se pueden ver frescos eclesiásticos en sus muros pero no está permitido entrar a verlos. Aún se encuentran unos cuantos monjes viviendo en sus celdas ubicadas en la roca pero es imposible el acceso a sus aposentos.





Desde lejos vemos como nos observan a los que merodeamos por el entorno.





Más arriba en la montaña subiendo unos veinte minutos se encuentra el de Udabno aunque sólo podemos apreciar alguna que otra cueva pero con fantásticas panorámicas…




26 de abril de 2011

GEORGIA : LA MURALLA DE SINAGHI


De buena mañana salimos hacia Balakan con un taxi que nos llevó hasta la frontera del control de pasaportes para enseñarnos la salida de Azerbaiyán. Cruzamos andando con nuestras mochilas de una frontera a la otra y los militares al vernos llegar se reían, nos miraron los pasaportes y nos hicieron pasar los primeros.



En el control de Georgia nos dieron la bienvenida al país. Desde el principio se notaba el carácter más distendido de los georgianos, en definitiva eran más risueños y cachondos que sus vecinos azeríes.



La vista desde la carretera era increíble, fuimos subiendo por las curvas donde se apreciaba la planicie del valle. 





Una vez en tierra georgiana, contratamos un taxista para que nos llevara a Sinaghi, un pueblo pequeño vinícola de la región de Kakheti, que posee una muralla de 4 km (lo que queda de ella y varios torreones).




El taxista nos dejó en el Nana’s Guesthouse, situada en el centro del pueblo donde nos acogió la hija ni Nania. Nos alojó en una habitación sencilla pero cómoda, con balcón.




La casa era preciosa, de madera porticada con balcones estilo New Orleans. En el pueblo de calles empedradas se respiraba un ambiente tranquilo y vimos varias casas del mismo estilo con balcones porticados de madera que le daba un toque de elegancia al pueblo.




Contentos de llegar a Georgia, nos fuimos a dar una vuelta y bajando nos encontramos una parte de la muralla y la puerta de entrada. Más abajo se encontraba la iglesia de San Jorge.




Seguimos bajando y nos topamos con un restaurante mirador desde donde se podía apreciar todo el valle desde dentro de una de las más de 200 torres que había antaño.




Nos quedamos para saborear la llegada brindando con un buen vino georgiano tinto del Valle de Alazani de la región de Kaketi e hicimos una degustación de quesos y Catchapuri que es una especie de torta alargada rellena de queso. Brindamos como georgianos, una y otra vez por nosotros, por los viajes, por la salud, por el amor, por todo.




Después para bajar la comida hicimos un nuevo tramo por las murallas. Lo bueno del día fue lo relajados que nos encontramos después de pasar tanto estrés en los últimos meses en Barcelona.



Volviendo al hotel conocimos a la dueña de la casa, Nana. Preguntamos los precios sobre la excursión que queríamos hacer al día siguiente a David Gareji para que nos dejaran luego en un pueblo a medio camino y enlazar con Tiblisi.




Nana nos dijo que lo haríamos sin problema y que nos salía bien barato pues podríamos compartir el coche con dos personas más que también querían ir hacia la capital. Todo por 30 laris (unos 9 eu por persona). Así que sin dudarlo nos apuntamos para ir con los compañeros de viaje.